Por qué deberías ser un sinvergüenza
Tienes 5 años y es la primera vez que vas al nuevo colegio, hasta entonces te has criado con tus padres. Haces nuevos amigos, hay columpios muy divertidos y todo parece ir bien, hasta que un día el profesor se pone a preguntar a los alumnos cual es su color favorito. Cuando llega tu turno, no dudas: «¡El rosa!».
Hecatombe.
La vergüenza te entierra. Al parecer eras el único que no se había enterado de que el rosa no entra en los colores socialmente aceptables para un chico. El resto de la clase se ríe de ti a carcajadas. Las bromas no paran. Te ponen un mote que te acompañará durante años y se convierte en una etiqueta. Y en tu memoria queda grabada a fuego una peligrosa lección: puede ser muy peligroso ser tú mismo.
Es una historia que de una forma u otra todos hemos experimentado, y aunque aquí hablo de la mente de un niño, el mismo sentimiento se da día a día en todos nosotros:
Esa obsesión irracional e improductiva respecto a lo que los demás piensan de nosotros.
Tan importante es esta obsesión que el arrepentimiento más común en el lecho de muerte es:
“Ojalá hubiera tenido el coraje de vivir fiel a mí mismo, y no a las expectativas que otros tenían de mí”
Esta información la he sacado del libro de Bronnie Ware, una enfermera de cuidados paliativos que recopiló los arrepentimientos más comunes de los pacientes en su lecho de muerte. (Aquí el libro original, aquí versión en español)
Pero ¿cuál es el origen de esta obsesión? ¿por qué desde que nacemos tenemos ese anhelo de aceptación social? ¿Qué puedes hacer que la vergüenza no sabotee tu vida? Para entenderlo tenemos que hacer un muy breve resumen de nuestra mente.
A grandes rasgos, podemos dividir la mente en 3 partes:
Consciente: Es la parte que te permite aprender, decidir, prestar atención a las cosas. La más evidente y que percibes como activa. Si estás intentando enhebrar una aguja, la mente consciente es la que te permite concentrarte para hacerlo.
Subconsciente: Son las ideas y respuestas aprendidas a lo largo de tu experiencia vital, que quedan grabadas en tu mente. Estas te permiten responder sin pensar a los estímulos y te ayudan a tomar decisiones rápidas. Por ejemplo, te hacen estar más atento si andas solo por la noche, o sacar el móvil sin pensar cuando te aburres. Pero estas respuestas no tienen por qué ser físicas, también nos referimos a respuestas emocionales. Como la relajación y liberación de endorfinas cuando estás con gente en la que has aprendido a confiar. Con tiempo de introspección y trabajo se puede acceder y modificar este subconsciente.
Instinto (inconsciente): Es la memoria genética. Lo que miles de años de evolución han grabado en tus genes. Lo que le hace a un bebé mamar de forma automática, lo que hace que te atraiga otro miembro de tu especie o que el olor de la comida te haga salivar.
Nota: otras perspectivas de la mente1
Para entender el origen de esta inclinación hacia la vergüenza hemos de mirar en el instinto. Y para ayudar a explicarla me inspiraré en un modelo de Tim Urban del que habla en su blog WaitButWhy.
Conoce a tu Troglodita
La naturaleza no es tonta. Esa obsesión por encajar está en nuestra mente por una razón.
Hace 100.000 años, la vida de nuestros antepasados no era fácil. Recolectar frutos y cazar eran actividades de riesgo, la falta de comida era habitual y en cualquier momento podía atacarte un tigre dientes de sable.
La pertenencia a una tribu era garantía de alimento, refugio y protección. Si no pertenecías a una tribu, podías darte por muerto. Y en este contexto, si una hembra te rechazaba públicamente, otras podrían seguir su ejemplo después de esa humillación, y te quedarías sin descendencia. La vergüenza, por tanto, era clave para la supervivencia del individuo y también de su progenie.
Era, literalmente, la diferencia entre la vida y la muerte.
Durante millones de años de evolución, el ser humano desarrolló esta obsesión de aceptación social, que también se traduce en un miedo irracional a no gustar a los demás.
Y ese antepasado tuyo de hace 100.000 años, es biológicamente lo mismo que tú (el ser humano tal y como lo conocemos hoy existe desde hace 250.000-300.000 años según las estimaciones actuales).
De hecho, si trajeses en una máquina del tiempo a un bebé de esa época, podrías educarle, enseñarle física cuántica y convertirle en un premio Nobel.
Ese instinto de pertenencia al grupo es, por tanto, inherente a nuestra especie. La vergüenza es un mecanismo de supervivencia.
Si tuviéramos que darle forma en nuestra mente, podría ser algo así:
Ese Troglodita hasta hace al menos 10.000 años era necesario para la supervivencia. Para tus antepasados, mantener ese Troglodita bien nutrido con aceptación social y estar muy atento a sus miedos a no gustar a los demás era absolutamente necesario.
Durante los millones de años previos, nuestra biología y nuestra estructura social han ido evolucionando de la mano de forma lineal a velocidad de tortuga.
El problema es que la evolución social durante los últimos 10.000 años ha sido exponencial y nuestra evolución biológica no ha estado a la altura. Y esto no hace más que acrecentarse gracias a las nuevas tecnologías. Nuestra programación biológica (instinto) no está sincronizada con nuestra estructura social.
Nuestro cuerpo y mente están preparados para la vida hace 1000 siglos, no para vivir entre más de 8 billones de personas hiperconectadas en el siglo XXI. Tenemos en nuestra cabeza al asustadizo Troglodita susurrándonos y buscando validación externa constantemente. Amenazándonos con la cachiporra de la vergüenza.
A la hora de ligar esto tiene una especial relevancia, ya que limita nuestro alcance enormemente.
Tú, yo y todos, hemos sufrido esa vergüenza al querer acercarnos a hablar con alguien.
Pero la realidad es que hoy en día los susurros del Troglodita simplemente nos hacen cobardes y nos quitan oportunidades maravillosas.
Esta situación del ejemplo es claramente asimétrica: poco que perder, mucho que ganar. Y pese a que de forma racional sabemos que lo peor que puede pasar es un «no», sentimos un miedo que nos supera y que evita que nos acerquemos.
El habitual miedo a hablar en público o el miedo escénico, vienen del Troglodita catastrofista aporreándonos sin parar.
Algo que también se refleja en la reticencia que podemos sentir a la hora de enfrentarnos a exponer cualquier tipo de trabajo artístico que hayamos hecho.
El Troglodita nos afecta en todos los aspectos de nuestra vida social.
Es el que hace que nos sintamos incómodos al ir al cine o a comer a un restaurante solos; es el que hace que funcione el concepto de ‘moda’; es el que hace que nos casemos sin estar preparados; es el que nos hace decir mentiras para ensalzarnos cuando estamos con otras personas; es el que hace a tu madre decir cosas como “pues mi hija tiene dos masters y habla 3 idiomas” en las reuniones con sus amigas; es la razón de que mucha gente empiece a fumar. El Troglodita te está dando con todas sus fuerzas cuando hay cualquier tipo de presión de grupo.
El Troglodita quiere que le des de comer con aprobación externa y adulación en cada una de tus interacciones. Y la sociedad ha evolucionado para satisfacerlo. Titulitis social, moda, estatus artificial, FOMO… y el buffet libre del Troglodita: las redes sociales.
Esa dopamina barata que acaricia al Troglodita con cada like.
Modelos de negocio cuyo pilar principal es la aceptación social. Utilizando estrategias intencionalmente adictivas para mantenernos deslizando hacia abajo en el móvil, y causando como daño colateral alteraciones en la autoestima, conductuales y otra serie de problemas que no son el objeto de este artículo.
Y es importante que aceptes esto: el Troglodita está ahí y no puedes deshacerte de él. Todos sentimos ese miedo, aunque sepamos que no es racional.
Sin embargo, el Troglodita no es el único personaje que debes conocer. A veces nos olvidamos de alguien muy importante que vive también en nuestra mente.
2. Conoce a tu Voz Interior
Tu Voz Interior está ahí, dando vueltas por tu mente.
Sabe todo sobre ti. En contraste con la simplicidad prehistórica del Troglodita Social, tu Voz Interior es compleja, en evolución constante, a veces difícil de entender, llena de anhelos y carente de miedo.
Se sustenta en tus valores y principios formados en base a la experiencia, la reflexión y a tu propio concepto de integridad. Sabe cómo te sientes respecto al dinero, familia, matrimonio… sabe realmente lo que te gusta y lo que no. Quizás no sepa cómo debería progresar tu vida, pero tiene una fuerte corazonada de hacia donde.
Podemos imaginarnos a nuestra voz interior como un capitán con una brújula que nos indica hacia dónde debemos ir.
Según hemos visto, el Troglodita hace que nos veamos enormemente afectados por las opiniones externas.
Como contraparte, nuestra Voz Interior tiene en cuenta la opinión de los demás en la medida en que los respetamos y usa el mundo exterior para aprender. Pero a la hora de tomar una decisión, tiene todo lo necesario para hacerlo en tu interior. Vive a caballo entre la parte subconsciente y consciente de tu mente.
Es el que te dice «esto que estoy haciendo está mal», o «¿por qué habré dicho eso si no lo pienso?».
3. El problema de tener al Troglodita al mando
Dado que nuestros cerebros de homo sapiens de hace 100.000 años están programados para dar poder al Troglodita, tu Voz Interior puede empezar a sentirse irrelevante cuando el Troglodita le sacude con la porra de la vergüenza una y otra vez. Esto hace que tu Voz Interior se empequeñezca y pierda motivación.
Es en esta situación donde vemos por ejemplo a chavales que se han criado con buenos valores, haciendo bullying a otro por presión de grupo. Para sentirse integrados. El Troglodita Social tiene a su Voz Interior arrinconada.
Con el tiempo, una persona en la que el Troglodita toma el control, puede perder el contacto con su Voz Interior por completo.
En los tiempos tribales no había demasiado problema si esto ocurría. La Voz Interior vivía en una pequeña cuevecita en tú mente y tu sobrevivías y tenías hijos. En aquel entonces el objetivo era la supervivencia, no ser feliz.
Hoy en día está demostrado que vivir de forma incongruente con tus valores es uno de los factores que más contribuyen al estrés y la ansiedad. Y por desgracia, mucha gente no tiene unos valores claros y el Troglodita controla la situación sin pena ni gloria.
En el amplio y complejo mundo actual, con su amalgama de culturas, personalidades y oportunidades, perder la conexión a tu Voz Interior es muy peligroso. Si no te conoces realmente, el Troglodita será quien tome muchas decisiones por ti basándose en su prehistórica interpretación de las necesidades y emociones.
A la hora de enfrentar una cuestión personal, en lugar de recurrir a una sana introspección para tomar una decisión en base a tus valores, buscarás las respuestas en el exterior.
Cuando esto ocurre con regularidad, tu identidad se convierte en una mezcla de las opiniones acerca de ti.
Esto te hace frágil, dado que tu identidad se sustenta en la aprobación externa. El rechazo o la crítica externa te afectan enormemente.
Si, por ejemplo, tu pareja rompe contigo una relación o te despiden del trabajo, el sufrimiento que enfrentarás será mucho mayor si es el Troglodita el que te controla, ya que sentirás que esa opinión externa te define y no eres válido.
Una Voz Interior fuerte te garantiza una estabilidad emocional que se mantendrá firme ante una ruptura o cualquier otro tipo de vaivén emocional influido por personas ajenas.
Dada la dificultad para manejar las críticas, otra de las formas en las que se puede manifestar que el Troglodita tiene el control es reaccionando con golpes bajos.
Esto anula la capacidad de analizar las críticas, aprender de ellas para crecer y desechar las críticas fútiles.
Y más allá de no saber gestionar la crítica, el Troglodita puede anular la capacidad de reírse de uno mismo de forma sana. El tomarse ciertas cosas que nos pasan en la vida con humor, incluso aún sintiendo la inevitable vergüenza, nos hace más felices y más resilientes.
Por otro lado, ese nivel de influencia externa limita enormemente nuestra capacidad de control, delegándola en el exterior.
Los filósofos estoicos usaban el modelo de la dicotomía de control, separando las cosas en dos grupos: aquellas que podemos controlar y aquellas que no.
Si lo representamos usando este modelo, nuestro Área de Control se ve reducida de forma inversamente proporcional a la fuerza del Troglodita.
Si no te atreves a explorar nuevas ideas fuera de las que acepta socialmente tu grupo, ¿cómo vas a crecer?. Si no te atreves a probar nuevos hobbies, ¿cómo vas a saber si te gustan?. Si ni siquiera crees ser capaz de tomar decisiones por ti mismo, ¿cómo vas a tomar el control de las áreas importantes de tu vida?
Muchas veces las críticas vienen de nuestro grupo más cercano. Lo normal es que convivas con gente a la que quieres y lo más fácil para encajar socialmente es compartir sus ideas. Nuestros amigos y familia son fuente de infinidad de cosas buenas, pero también pueden ser el origen de muchas emociones e influencias negativas.
Si compartías hábitos e ideas con un determinado grupo y decides cambiar algo, es posible (dependiendo de la madurez) que alguien se lo tome como un ataque personal si el Troglodita está al control. Que piense que estás cuestionando su comportamiento. Y es muy posible que intenten traerte de vuelta al redil.
Es posible también que intenten que no te relaciones con grupos que tienen otras ideas, limitando así tu capacidad de expandir tu mente y tus relaciones. Es su Troglodita defendiendo el conformismo grupal de la tribu.
Es común, por ejemplo, encontrar determinados grupos que evitan mezclarse de ninguna forma con otros grupos que tengan distintas ideas políticas. Es obvio lo limitante que esto es para crecer individualmente, y lo peligroso que es como sociedad.
Y la realidad, es que los colores representados en el cómic anterior ni siquiera tienen por qué ser ciertos. Lo que pensamos y lo que mostramos no siempre concuerda, especialmente cuando el Troglodita está al mando. Podemos expresar una opinión determinada para encajar en el grupo pese a que no es lo que pensamos.
Cuando esto se da a cierta escala, se puede producir una peligrosa situación denominada ignorancia pluralista, haciéndonos creer que nos encontramos en un entorno con ciertas ideas comunes cuando no es necesariamente cierto.
Pero el Troglodita no solo te intenta forzar a mimetizarte en el grupo como hemos visto en estos ejemplos, sino que además evita que encuentres a personas afines. Al no mostrar realmente tus intereses, tu forma de ser y tus opiniones, atraerás a personas que no te interesan perdiendo así oportunidades fantásticas de conocer a gente que encajaría mejor contigo.

Además, el ser siervo del Troglodita te convierte en una persona fácilmente manipulable. Cualquiera que detecte esa tendencia puede usarla para controlarte.
Y un caso que merece mención a parte. En ocasiones el Troglodita no se fija tanto en un grupo en su conjunto, sino en alguien en particular. Podríamos llamarle el Titiritero, alguien cuya opinión cobra una relevancia absurda en tu vida. Puede ser un progenitor, una pareja, un amigo con mucha carisma e incluso alguien que no conoces (un famoso que valoras mucho por ejemplo).
Ansiamos la aprobación del Titiritero más que la de cualquiera, y haríamos casi lo que fuera para que nos acepte, o para evitar una humillación ante él (y su círculo social). En esta relación tóxica, el Titiritero puede condicionar nuestra opinión o moral fácilmente.
Creo que ya ha quedado clara la necesidad de calmar a nuestro Troglodita y mantener el contacto con nuestra Voz Interior para tomar el control de nuestra vida. Vamos a ver cómo.
4. Calmar al Troglodita
Vale, no podemos deshacernos de él. Pero sí podemos hacer que esté más relajado, que nos afecte menos en el día a día. Luchar contra nuestra vergüenza y necesidad de aceptación social de forma efectiva.
Hay gente que tiene suerte y nace con un Troglodita razonablemente calmado, o le han criado con unos valores fuertes y definidos que mantienen al Troglodita tranquilo. Otros morirán sin haberlo controlado, pasando toda la vida a su merced. La mayoría estamos en un punto intermedio: controlamos al Troglodita en algunos aspectos, mientras que nos causa estragos en otros.
La predominancia del Troglodita no implica que seas débil, sólo implica que no has descubierto cómo controlarlo. Es posible que ni siquiera fueras consciente de que este Troglodita existe, o de que tu Voz Interior estaba silenciada.
En cualquier caso, hay varios pasos que puedes seguir para controlar mejor al Troglodita.
4.1 – Define quién eres: tu Templo Interior
Tu Voz Interior siempre está ahí. Puede estar escondida en una esquinita de tu mente, o no tener bien claro lo que quiere. Pero está ahí.
Lo primero que debes hacer es ayudar a tu Voz Interior a articular quién quieres ser. Para ello, es imprescindible que reflexiones acerca de tus valores y principios.
En este artículo explico cómo lo estructuro yo, en forma de Templo Interior.
Puede sonar fácil, pero no lo es. Requiere una reflexión profunda para encontrar quién eres realmente, entre toda la maraña de opiniones externas. Es tu responsabilidad decidir qué es importante para ti y qué no.
Lo sé, es muy típico. «Encontrarse a sí mismo». Pero es necesario. Hay gente que necesita un poco de distancia con la sociedad y experimentar su soledad para coger perspectiva. A otros les viene bien una conversación con alguien de total confianza. Experimenta.
Lo importante es que descubras qué es lo que realmente te importa y te sientas orgulloso de tu Templo Interior.
Con esto, tu Voz Interior sonará con más fuerza a partir de ese momento, ya que su razón de ser es articular tus valores y principios.
4.2 – Encuentra al Troglodita
La mayoría de las veces, cuando el Troglodita controla a una persona, esta no es consciente de ello.
No nos damos cuenta.
El proceso de reflexión y la capacidad de ser crítico contigo mismo (sin castigarte) son clave. Esto te ayudará a identificar el problema para atajarlo de forma efectiva. Hay tres puntos de foco que pueden ayudarte:
La forma más obvia de encontrar al Troglodita es descubrir cuándo sientes vergüenza. ¿En qué aspectos eres más susceptible socialmente?¿En qué situaciones sientes un miedo al rechazo más fuerte? ¿Hay algo que se te dé bien o te guste pero te da vergüenza expresar en público?. Cuando subes una foto a Instagram, ¿te afecta recibir pocos likes?.
El segundo lugar donde suele esconderse el Troglodita es en el exceso de disfrute a la hora de sentirte aceptado o halagado. ¿Te esfuerzas demasiado por gustar a alguien en concreto? ¿Te encanta sentirte validado a la hora de demostrar tu estatus? ¿Te gusta mucho que te expresen lo bien que vas vestido? ¿Vas por ahí fardando de más? ¿Abres el Instagram cada 30 minutos para ver los likes que te han dado?. Aquí no hemos de ofuscarnos. A todos nos gusta que nos digan cosas bonitas, lo que buscamos es un exceso, o una sensación donde, de acuerdo a nuestros valores, no debería estar.
El tercer punto que debemos investigar es cualquier contexto donde no nos sintamos cómodos dando una opinión o tomando una decisión sin aprobación. ¿Hay opiniones originadas en otra persona que vas soltando por ahí porque esa persona las ha validado? Cuando presentas a una pareja a tu familia o amigos, ¿pueden sus reacciones afectar tus sentimientos (en profundidad) por ella? Cuando estás con tus amigos ¿esperas siempre a que el ‘alfa’ tome la decisión o proponga algo?. Por supuesto, es normal tener en cuenta la opinión de gente que valoras o con más experiencia, pero desde una posición de pensamiento crítico y autoestima.
Muchas veces, el Troglodita pasa desapercibido en la vorágine del día a día. Trabajo, compromisos sociales, recados, irse de compras, redes sociales, limpiar la casa, hacer deporte… y cuando tienes un ratito libre, a Netflix para descansar.
A mí hay dos aspectos que también me han resultado fundamentales, no sólo para identificar dónde está el Troglodita, sino también para muchos otros tipos de reflexiones, para dar con ideas interesantes y para encontrar más calma y claridad mental:
El minimalismo. Reduciendo el ruido del día a día, es más fácil escucharte a ti mismo.
El silencio. Me refiero a reservar tiempo para estar conmigo mismo. Sin hablar con nadie, sin la TV de fondo, sin un podcast por detrás. Yo y mi cabeza dando un paseo. Largo.
4.3 – Decide de donde quieres sacar al Troglodita
No es realista deshacerse del Troglodita. Como hemos comentado, todos lo tenemos, es parte de la condición humana. Lo que podemos hacer es calmarlo, a veces hasta hacerlo diminuto.
Pero como mínimo, deberíamos seleccionar las partes clave de nuestra mente que queremos que el Troglodita no controle. Las partes más importantes, como la elección de una pareja, la elección de carrera, la educación de los hijos, la elección de amistades…
4.4 – Desarma al Troglodita: interioriza lo tonto que es
Una vez nos conocemos y hemos decidido de dónde queremos sacar al Troglodita, hemos de debilitarlo.
Los trogloditas reales ya dejaron de existir debido a sus limitaciones, y el Troglodita de tu mente no es muy distinto a ellos. A pesar de que el Troglodita acecha en nuestra mente, no tiene ni idea de la sociedad moderna y su inteligencia es extremadamente básica.
Es tonto.
Interiorizar esto es clave para calmarlo. Y vamos a ver tres importantes razones por las que el Troglodita es tonto.
3.4.1 – Razón 1: Los miedos del Troglodita son absolutamente irracionales
Hay cuatro ideas respecto a las cuales el Troglodita se equivoca de lleno.
Todos se están fijando en mí, y en lo pringado que seré si fracaso o si lo que hago es raro
Esto es lo que cree el Troglodita:
Esta es la realidad:
Si me esfuerzo, puedo gustar a todo el mundo
Es posible que esto fuese cierto en una tribu de 40 individuos, pero hoy en día somos unos 8 billones de personas hiperconectadas. Gustar a todos es imposible. Asúmelo.
Que alguien no apruebe, critique o se ría de lo que hago tiene una consecuencia real en mi vida
El Troglodita siempre nos impone una visión catastrofista de las posibles consecuencias. Si realmente nos preguntamos… ¿Qué es lo peor que podría pasar? La realidad es que el 99% de las veces no es tan malo. Y en una inmensa mayoría de los casos, las consecuencias ni siquiera son negativas o incluso son positivas (ya que para empezar, estarás venciendo a tu vergüenza).
Y ten en cuenta que esto es lo PEOR. Pregúntate qué es lo mejor que te podría pasar si actúas, o qué es lo peor que podría pasar si no haces nada.
Soy una mala persona si decepciono a la gente que me quiere
Este es uno de los más complicados. Pero no, no eres una mala persona por hacer caso a tu voz interior. Si realmente te quieren, deberían aceptarte como eres y alegrarse de que estés feliz. De lo contrario, son sus Trogloditas los que les están dando porrazos en la cabeza, preocupándose de que van a pensar otras personas de ellos respecto a su relación contigo o sintiendo su identidad atacada.
Y recuerda esto: actuar sin vergüenza en ningún caso implica actuar sin moral, conceptos que a veces se confunden.
Así que… los miedos del Troglodita son completamente irracionales. Primera razón por la que el es tonto. A por la segunda.
3.4.2 – Razón 2: Los esfuerzos del Troglodita producen el efecto contrario
La mayor ironía de todas: el Troglodita ni siquiera es bueno en su trabajo.
Sus métodos de ganar la aprobación social puede que funcionasen hace milenios, y hoy en día es posible que funcionen en interacciones cortas.
Pero en la sociedad actual, en cuanto pasas algo más de un rato con alguien, las estrategias del Troglodita se ven a la legua y cansan. El mundo moderno da prioridad a la Voz Interior, y si el Troglodita quiere progresar socialmente, ha de entender que la solución es lo que más le asusta: dejar que la Voz Interior coja el control. Las razones:
Tu Voz Interior es interesante. El Troglodita es aburrido. La naturaleza compleja de tu Voz Interior ya la hace interesante. Te hace diferente al resto. Tú eres único. Como contrapartida, el Troglodita se fija en el entorno para asemejarse a él, haciéndote una copia más. El Troglodita es un tostón.
Tu Voz Interior lidera. El Troglodita sigue. El Liderazgo es natural para la gente con una Voz Interior fuerte. Sus opiniones tienen un origen único y por esta definición, son originales. Son las mentes creativas y disruptivas capaces de romper el status quo y avanzar. Además el no sentirse amedrentados por la crítica, y la resiliencia emocional que tienen les convierten en personas proactivas, que no solo tienen ideas originales, sino que las ponen en práctica e intentan compartirlas. El Troglodita por definición sigue. Su trabajo es mimetizarse con el entorno y seguir al líder. Es un borrego. Lo último que hará es desafiar al status quo. Él quiere ser el status quo. Expresar ideas nuevas es un riesgo a evitar.
La gente gravita hacia una persona guiada por su Voz Interior. El único momento en que una persona con un Troglodita fuerte es atractiva es en una primera cita, y cuando esa cita es con otra persona similar. En cuanto la interacción se alarga un poco, acabará cansando a los demás. La gente con una Voz Interior fuerte identifica rápidamente a la gente controlada por el Troglodita y no se siente atraída. Esto es válido para el ámbito personal y profesional. Una persona con la capacidad para controlar a su Troglodita y liderar resulta más atractiva y de confianza de forma natural.
3.4.3 – Razón 3: Eres insignificantemente pequeño, igual que todos los que pueden criticarte.
Bajo tu punto de vista, eres lo más importante del universo. De hecho el universo no existe si tu no existes. Pero la realidad objetiva es otra.
Eres así de pequeño:
Tu y todas las personas que te conocen morirán pronto (en el gran orden de las cosas):
4. Conclusión: Sé un sinvergüenza
Hasta ahora ha sido todo lectura y risas.
Hemos reflexionado acerca de porque el ser humano tiene ese impulso intrínseco por agradar a los demás, los problemas que ello conlleva y porque deberías deshacerte de ello. Pero aquí es donde empieza lo complicado: actuar.
Actuar requiere valentía. Valentía para vencer a tus miedos, para actuar incluso con vergüenza. Pero como hemos visto… ¿Miedos a qué?
La gran mayoría de los miedos sociales están infundados.
Tu vergüenza es un mecanismo de supervivencia desfasado.
Si has leído hasta aquí, enhorabuena. El primer paso es el conocimiento. Con él, podemos desarmar a nuestro Troglodita al entender su origen y teniendo respuestas ante cada uno de sus argumentos cuando se presenten. Al darle una forma, además, nos será más fácil de identificar cuando aparezca.
El Troglodita nunca se irá, pero podemos hacer que nuestra Voz Interior lo domine, poco a poco, hasta ser dueños de nuestra vida.
Algunas recomendaciones para cerrar:
Invierte tiempo en conocerte a ti mismo. Define tu Templo Interior. Ya lo he recomendado antes, pero es que es muy importante.
Dale forma en tu mente al Troglodita Social. Tenlo presente e imagínatelo dando con la porra a tu Voz Interior cuando te asalten las dudas por incomodidad social. Si te ha gustado el artículo, guárdalo y revísalo de vez en cuando para reforzarte.
Acostúmbrate a preguntarte: ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Y lo mejor?¿Qué pasará si no actúo?. A menudo lo peor no es tan malo (o ni siquiera tiene entidad real, y solo es un problema de ego), y lo mejor es muy bueno.
Extra: Debilitar al Troglodita con ejercicios de incomodidad social
Más allá de las acciones generales del punto anterior, podemos debilitar al Troglodita con ciertos ejercicios sociales. Por supuesto, no van a ser ejercicios cómodos, pero en ningún caso tienen una consecuencia negativa. Te harán sentir vergüenza, sí.
Pero, como todo, hace cayo. La práctica reduce la ansiedad. Y puedes ir incrementando la dificultad. Ejemplos, con distintas opciones según cómo de cómodo/a te encuentres:
En esos momentos en los que tienes que preguntarle algo al responsable de algún servicio (tienda, hotel, transporte…) y esperas a que lo haga otro. Hazlo tú.
Ponte a tararear, cantar o bailar:
Por casa
Por una calle sin gente
Por un sitio público
Entra en alguna tienda de alimentación y pide una muestra de un producto (incluso aunque sepas que no es posible).
Cuando veas a una persona que te gusta, acércate y:
Pídele la hora
Pregúntale la dirección de algo cercano
Pídele su teléfono
Dile que te resulta muy atractivo/a
Invítale a tomar un cafe
Sube a las redes sociales una foto donde salgas mal. Sin hacer el tonto para mitigar la vergüenza, simplemente sal mal.
Haz cumplidos por la calle. Dile a alguien:
Que te gusta el estilo que lleva
Que te alegra el día su sonrisa
Que tiene unas manos muy bonitas
Que son una pareja encantadora
Tírate al suelo y ponte a hacer flexiones en medio de un sitio con gente.
Como ves son tonterías, ninguna de ellas con consecuencias negativas, pero ayudan a ganar confianza y debilitar al Troglodita.
Muchas gracias por leer hasta aquí. ¡Fuerza a tu Voz Interior!
Un abrazo,
Julio.
Muchos autores identifican esta separación de otra forma. Por ejemplo, Daniel Kahneman llama Sistema 1 a la parte subconsciente y Sistema 2 a la parte consciente. Y algunos llaman inconsciente a la parte más profunda del subconsciente, donde se reprimen ciertas experiencias de forma inaccesible como mecanismo de defensa instintivo, dejando al instinto fuera de esta división. Para mí esta es la versión más coherente, especialmente para lo que voy a explicar en este artículo.































