Tu relación con la tecnología te está matando
Y no te das cuenta
En los últimos artículos he hablado del minimalismo, el consumismo y la muerte de la cultura. Aquí quiero hablarte de un tema relacionado con todos los anteriores y que tiene el potencial de cambiarte la vida por completo: el minimalismo digital.
En este artículo me centraré en por qué puede importarte este concepto y en el siguiente hablaré de como lo implemento yo.
El auge de la tecnología parece haber sido una bendición para la humanidad. Nuevos medicamentos y tratamientos, nuevas fuentes de energía, acceso inmediato a información infinita, conectividad ubícua, etc. Una curva alcista de mejora de la calidad de vida que parecía incuestionable.
Sin embargo, ha demostrado tener una cara oscura que se hace cada vez más patente en el siglo XXI. Los patrones de uso de la tecnología en la sociedad contemporánea están alterando gravemente la conducta humana, resultando en problemas físicos de salud, falta de tiempo, ansiedad, depresión y hasta suicidio.
Infobesidad
Según los datos actuales, una persona media con trabajo de oficina pasa 11h al día delante de pantallas y recibe/envía una media de 121 emails. Una persona cualquiera sin trabajo de oficina, ocupa más de 5h al día usando el teléfono, y más de 7h totales delante de pantallas, recibiendo una media de 46 notificaciones diarias.
Considerando dormir 8h, eso implica que muchos estamos delante de pantallas un 38% más de tiempo que durmiendo, equivale a dedicar un cuarto de tu día al móvil, a recibir una notificación cada 19 minutos y un email cada 7 minutos.
Y por supuesto, esto es una media. En un usuario joven estas estadísticas muestran generalmente más uso de la tecnología. Por ejemplo, el 37% de adolescentes entre 12 y 17 años pasa más de 6h al día con el móvil, y reciben una media de 237 notificaciones, y la Gen Z pasa de media unas 9h al día delante de pantallas.
Vivimos en un mundo digital, constantemente expuestos a estímulos e información. Según este estudio de 2012, se estima que una persona media consume unos 74GB de información en un solo día a través del móvil, TV, el ordenador, anuncios, smartwatches, etc.
Hace tan solo 500 años, esos 74GB es lo que consumía una persona culta de clase alta… en toda su vida.
Teniendo en cuenta que este número crece a un ritmo de un 5% al año y ese estudio se realizó en 2012, hoy en día una persona media consume unos 125GB de información.
Estas cifras son anecdóticas y hay que cogerlas con pinzas, ya que habría que tener en cuenta el formato de compresión de datos, el tipo de medio, etc. Pero lo importante es la idea.
Algunos autores han llamado a este fenómeno de consumir cantidades tan exageradas de información continuamente infobesidad. Un termino que hace un paralelismo con la explosión de popularidad de la comida basura a mediados del siglo XX, y como el acceso fácil a la comida rápida y de baja calidad llevo a una epidemia de obesidad que se extiende hasta nuestros días (si, ya sé que influyen más factores).
Hoy en día, el acceso a información instantánea de todo tipo (en muchos casos de baja calidad), nos lleva a estar saturados de información. No sabemos cual es válida y cual no. Cada vez tenemos menos tiempo para contrastar ideas, para pensar en todo lo que nos llega. Para disfrutar de aquella que es de calidad.
La almacenamos en distintos dispositivos, cuentas y plataformas hasta no saber dónde tenemos lo que importa.
Infobesidad.
Todas las estadísticas que he compartido no han hecho más que crecer en las últimas décadas. Y no tiene pinta de que vaya a cambiar la tendencia. De hecho, con el auge de la inteligencia artificial, la cantidad de contenido creado va a crecer más exponencialmente aún.
Es normal que usemos las nuevas tecnologías. Nos mantienen en contacto con nuestros seres queridos, nos sirven como herramientas de trabajo y de entretenimiento. Además de que el mercado y el marketing nos empujan a ello.
Pero al igual que con ir al McDonalds o hincharnos a helados, hemos de tener mucho cuidado con el uso que hacemos de estos recursos.
Problemas de salud físicos
El cuerpo del homo sapiens (el tuyo) ha evolucionado durante millones de años para un comportamiento de cazador-recolector, tal y como el que tenía tu tatata[x500]rabuelo hace 50.000 años. Llamémoslo UngaUnga.
UngaUnga caminaba una media de 7-15 km al día, trepaba árboles regularmente para conseguir frutos, corría detrás de presas varias veces por semana y ejercitaba regularmente sus habilidades motrices para fabricar armas, trampas o utensilios. UngaUnga llevaba una vida muy activa.
Ahora párate a pensar como es un día habitual para ti.
La inmensa mayoría pasa 8 o 9 horas al día delante de una pantalla o mostrador. Luego llega a casa (posiblemente en coche o sentado en transporte público) y disfruta de una tarde de sofá, para acabar el día con una cena que bien puede ser absurdamente hipercalórica.
La falta de movimiento y de estrés musculoesquelético agudo (ejercicio activo) es una lacra que causa cada año muchísimos problemas. Dolores de espalda, dolores articulares, pérdida de músculo, pérdida de capacidad pulmonar, obesidad, problemas cardiovasculares, etc.
Si antes el hambre era el problema número uno, ahora la obesidad es la forma de malnutrición más prevalente en el mundo, con mil millones de personas afectadas y una tendencia ascendente que aún no ha tocado techo.
Si no fuera por falta de medios, en media, UngaUnga habría sido bastante más atlético, sano y longevo que tú. Sin lugar a dudas.
Pero, por desgracia, ese no el único problema. Nuestro sistema ocular tampoco esta preparado para estar 10h delante de una pantalla, necesita cambios de brillo y profundidad regulares. Los niveles de miopía se han incrementado de forma meteórica, más que duplicándose desde el año 2000 hasta hoy.
UngaUnga podía ver a un conejo a 500 metros de distancia, tú necesitas gafas para ver la TV a 2 metros del sofá. Por suerte puedes operarte de la vista.
Además, la falta de luz solar es otra característica común de nuestras generaciones.
Ya sea por necesidades de trabajo, o por jugar 8h al día al LOL, mucha gente hoy en día tiene una falta de exposición solar que puede provocar problemas como la alteración del ciclo circadiano (con sus posibles problemas de insomnio, depresión…) o falta de vitamina D (que juega un rol importante en el sistema nervioso, muscular y esquelético, previniendo enfermedades como la osteoporosis).
Quizás en este apartado se podría añadir la falta de contacto con la naturaleza. Un contacto que necesitamos para mantener la salud física y mental, cuyos beneficios se han demostrado científicamente.
No obstante, los problemas de salud física han quedado eclipsados por los problemas de salud mental.
Problemas de salud mental
Un ámbito mucho más complicado y menos obvio que el físico, pero con una inmensa relevancia. Prometo que voy a intentar resumir, pero hay chicha.
Falta de concentración, de productividad y de creatividad
El cerebro humano ha evolucionado para estar atento a estímulos relevantes para su supervivencia: amenazas y oportunidades.
Tu tatata[x500]rabuelo UngaUnga debía estar atento constantemente a amenazas como un dientes de sable que se relame detrás de un arbusto, y a oportunidades como un árbol con jugosos frutos para alimentarse.
El centrar nuestros sentidos en las cosas relevantes e ignorar lo superfluo nos permite recordar cosas importantes y aprender de nuestros errores y éxitos.
Pero hay un problema.
Hoy en día cada uno de nosotros tenemos en el bolsillo siempre un smartphone con capacidad para producir estímulos infinitos. Continuamente.
Y por supuesto, todos los fabricantes de dispositivos y desarrolladores de aplicaciones intentan sacar provecho de esta característica del cerebro, llamando nuestra atención con notificaciones o manteniéndonos enganchados con estímulo constante.
La curiosidad de nuestro cerebro es el alimento de todas esas apps. ¿Qué mensajes nuevos tendré? ¿Qué likes me habrán dado? ¿Qué vídeo viene ahora?
¿Cuántas veces miras el teléfono mientras trabajas? ¿Mientras estudias? ¿Mientras estás en el baño? La realidad es que no piensas, lo sacas de forma automática. En promedio revisamos el teléfono unas 144 veces al día.
Este distractor infinito nos habitúa a no mantener la concentración. A tener siempre algo para distraernos.
Nuestra capacidad de atención se ha reducido entre un 40% y un 75% desde principios de siglo. Hasta el punto de tener que mirar el teléfono mientras estamos con nuestros amigos en un bar o incluso en una cita.
También nos controla para que en cualquier tiempo muerto que tengamos lo saquemos para ver qué novedades hay en la red social de turno, acabando con la creatividad que tantas veces ha surgido del sano aburrimiento.
Estrés, ansiedad y depresión
Las tecnologías digitales prevalentes hoy en día están diseñadas para acaparar tu tiempo. Para que quieras volver. Para que estés pegado lo máximo posible.
Se estima que cerca de un 80% de las personas actualmente sienten ansiedad al no tener acceso a su teléfono. Esta ansiedad se denomina nomofobia, y dadas las estadísticas, es muy probable que la hayas experimentado en algún momento.
Te animo ahora mismo a dejar el teléfono en casa y salir a dar un paseo de 10 minutos. Si ahora no puedes, apúntalo en tu lista de tareas.
Pero diría que eso no es tan grave. Sin embargo, más allá de esa ansiedad ante su falta, su uso prolongado genera otro tipo de problemas de ansiedad a largo plazo. Especialmente las redes sociales.
Este es el melón más gordo. Donde la gente pasa más tiempo online. Y lo que más nos perjudica
Según numerosos estudios, las redes sociales son uno de los factores que más afectan a la salud mental, especialmente en jóvenes. Generan estrés, ansiedad, depresión, falta de autoestima… e incluso hay una alta correlación en el surgimiento de su uso con el aumento de suicidios en adolescentes.
Aquí tienes una gráfica reveladora representando los niveles de depresión en Estados Unidos, en la que he marcado la época en la que se popularizaron los smartphones.

Pronto publicaré un artículo dedicado a las redes sociales, tema que considero de gran importancia. Aquí solo quería dejar claro que tienen muchísimo peligro.
Adicción
Como ya comenté en el artículo sobre la cultura de la dopamina, todas las nuevas plataformas se aprovechan de nuestro sistema natural de recompensa, proporcionándonos dopamina barata.
Y esto se hace de una forma extremadamente efectiva, gracias a los algoritmos que gobiernan estas plataformas, intencionalmente diseñados para mantenernos enganchados.
Algoritmos que se retroalimentan de nuestras miles de interacciones diarias para seguir mejorando su efectividad a la hora de enganchar.
El resultado es que mucha gente tiene una adicción, el 99% de las veces inconsciente. Y no estoy hablando de un poco de adicción. Estoy hablando de peleas y gritos con la familia y pareja, negación de la realidad, tolerancia incremental, síndrome de abstinencia… adicciones en toda regla vamos.
Como una droga.
Yo mismo, que escribo esto, me sorprendo a mí mismo a veces sacando el teléfono y perdiendo el tiempo de forma absolutamente automática. Pese a todas las medidas que tomo y que comentaré en la Parte II.
Insomnio
Otro de los efectos secundarios comunes es la dificultad para conciliar el sueño.
El tener este estímulo disponible continuamente hace que la inmensa mayoría este pegado al teléfono hasta el mismísimo momento de dormirse.
Esto, por un lado, hace que nuestra mente se mantenga excesivamente activa, saltándonos ese paso natural de preparar la mente para dormir. Y por otro lado, hace que estemos expuestos a luz artificial que confunde a nuestro cerebro indicándole que aún es de día y alterando nuestro ciclo circadiano.
Pérdida de contacto humano, falta de habilidades sociales
El ser humano es un animal social. Necesita el contacto con otros animales de su especie para prosperar y para ser feliz. Muchos estudios han demostrado que el factor más importante para un vida feliz, larga y satisfactoria es la calidad de nuestras relaciones sociales.
Hasta hace muy pocas décadas, la vida se hacía cara a cara. Las relaciones con amigos eran en persona, las relaciones con no tan amigos también eran en persona, iban a comprar físicamente, el ocio implicaba de forma muy habitual relacionarse con otras personas…
Hoy en día todo esto ha cambiado enormemente. Es cada vez más común pasar tiempo en casa sin relacionarte, comprar todo online, quedarte en casa viendo Netflix en vez de dar una vuelta con amigos, dedicar días enteros de tu vida a videojuegos, scrollear en Instagram o TikTok durante horas y que las relaciones que sí que tenemos sean más superfluas.
Y por supuesto, ahora puedes ligar cómodamente desde el sofá de tu casa, sin tener que enfrentarte a la incomodidad de dar el primer paso en persona. Aquí puedes ver la evolución de cómo se conocen las parejas, con la línea roja representando las plataformas online (y eclipsando totalmente al resto).
Además, ante cualquier problema social, por ejemplo, que se metan contigo en el parque o no saber ligar, ahora es mucho más sencillo recluirnos en el mundo digital para no enfrentarnos a esa situación. Evitando así crecer como ser social, recurriendo a sucedáneos.
Hoy en día a mucha gente joven le produce cierta ansiedad incluso de coger el teléfono y hablar, aunque sea con alguien conocido.
Cada vez pasamos menos tiempo en persona con amigos y familia, y cada vez tenemos más dificultades para relacionarnos.

Tanto es así que, por ejemplo, hoy en día podemos encontrar una clase de amistad en la University of Southern California. Una clase que enseña a hacer amigos y a mantener amistades.
En este punto estamos.
Percepción alterada de la realidad
¿Alguna vez te has sentido un pringao mientras mirabas al influencer de turno? ¿O incluso lo que ha subido tu amigo de vacaciones?
Por supuesto que sí, no me cabe duda.
Lo que se sube a las redes sociales personales generalmente son los mejores momentos de lo que pasa en nuestras vidas. Cenas con amigos, vacaciones, corriendo una carrera, viajes, etc.
Por supuesto, esos momentos solo representan una (muy) pequeña parte de nuestras vidas, pero para mí como usuario viendo el perfil de alguien en redes, asumo inconscientemente que esa es su realidad.
Por supuesto esto es una ilusión. Pero es una ilusión muy buena. Vas pasando por lo que suben tus amigos y contenido recomendado, uno, otro, otro, otro… y parece que sus vidas son perfectas. O desde luego, mejor que el momento de mierda que estás pasando tu ahora mismo.
A todas horas, todos los días. Grabando esa sensación a fuego en tu cerebro.
Y si eres de los que sigue a influencers ya ni hablemos. Su trabajo se basa en que tú quieras lo que tienen ellos, así que imagínate.
Esta exposición a cientos (o miles) de vidas aparentemente perfectas y de forma constante no es natural para un ser humano. Tu tatata[x500]rabuelo UngaUnga tenía relación habitual con un puñado de personas (50-70) y contacto esporádico con otro tanto. Y lo que veía de esas vidas era mucho más real que lo que vemos nosotros hoy en día.
Esta falsa realidad asumida nos puede llevar a conversaciones internas bastante tóxicas, a menospreciar la vida que tenemos, nuestro trabajo, nuestras cosas… a insatisfacción.
Quizás ese amigo que parece que está todo el día de juerga y lleva un cochazo luego esta deprimido en casa la mayoría del tiempo.
Y, por supuesto, la pornografía también está causando estragos en este ámbito. Generando expectativas irreales, dañando la autoestima y generando tolerancia. Y esto muchas veces repercute en tu satisfacción, libido y capacidad de excitarte en las relaciones reales.
Modificación de los hábitos de consumo
Quizás no tan nocivo como los otros problemas, pero un problema al fin y al cabo. La inmediatez que nos proporciona internet y el marketing ubicuo, modifica lo que compramos y cómo lo compramos.
Ahora es mucho más fácil caer en comprar algo que no necesitas para nada simplemente porque te ha dado un impulso, comprarlo online te lleva 10 segundos... y te llega mañana! Muy posiblemente un algoritmo de marketing ha estudiado tu comportamiento y ha visto que es probable que compres ese tipo de producto.
Un algoritmo depurado hasta la saciedad por un ejército de ingenieros, dedicados exclusivamente a hacer que compres.
Polarización
Los algoritmos que gobiernan las plataformas digitales, como hemos comentado, están diseñados para mantenerte enganchado. Por tanto, te muestran el contenido que tiene más probabilidad de que interactúes con él. ¿Y cuál es ese contenido?
Aquel que más te impacta.
Y esto se traduce en contenido que polariza. Es por esto que las fake news, han demostrado ser mucho más virales que las noticias verídicas.
Pero no tiene por qué ser contenido falso. Si eres de derechas, te saldrán noticias de cómo los podemitas quieren ponerte más impuestos y quitarte la libertad económica. Si eres de izquierdas, te saldrán noticias de casos flagrantes de corrupción en la derecha o de como la privatización se está cargando algún sector público clave.
El algoritmo sigue aprendiendo de lo que capta tu atención y perfeccionándolo infinitamente. Se convierte en una cinta transportadora que te arrastra inevitablemente hacia ese tipo contenido.
Esto sólo consigue reafirmarte en tus ideas existentes, polarizándote, separando así a la sociedad cada vez más y dificultando el pensamiento crítico (artículo recomendado: No pienses como un primate). Y en realidad, también es una forma de alterar la realidad que percibes.
Conclusión
Como dijo un sabio: "Puta bida tete"
Lo que parecía la fantasía tecnológica, está resultando ser un gran problema sociocultural y de salud pública, con graves consecuencias tanto físicas como psicológicas.
La única solución es ser intencional en tu relación con la tecnología, tomar el control y no ser una víctima del falso confort moderno.
No estoy diciendo que la tecnología sea el demonio y tengas que evitarla. De hecho, siendo ingeniero posiblemente tengo más relación con ella que una persona media. Claro que la tecnología permite maravillas, pero hemos de ser nosotros los que la controlemos y no al revés.
De nuevo, reducir el ruido, y centrarnos en lo importante.
En el siguiente artículo ahondo en medidas concretas que puedes tomar para tener una relación sana con la tecnología (no quería ponerlo todo aquí, que luego me decís que los artículos son muy largos :P).
Un abrazo,
Julio.

















