Por qué dejé el trabajo perfecto en Microsoft
Y por qué te puede interesar
Hasta hace no tanto, tenía un trabajo (casi) perfecto en Microsoft. Buen sueldo, buenos compañeros, proyección de carrera, proyectos interesantes, trabajo en remoto...
El trabajo con el que sueñas cuando sales de la universidad.
Por supuesto, tenía algunas partes que no eran mis favoritas, como lidiar con clientes "complicados" o tener que ocuparme de problemas que habían creado otros. Pero, esas partes también me ayudaban a crecer. Estaba en mi salsa.
Y, sin embargo, el año pasado, con 32 años, decidí dejar este trabajo junto a mi puesto como profesor en el Instituto de Empresa. Coger un año sabático y explorar otras opciones.
Pero mi modelo mental para tomar esta decisión va más allá del concepto básico de un año sabático, como te explicaré aquí.
Te voy a contar por qué es una de las mejores decisiones que he tomado, y por qué hacer algo similar podría interesarte.
1. El camino correcto
Desde pequeñitos nos han inculcado que hay un camino adecuado:
Ir al colegio, estudiar en la universidad y buscar un buen trabajo que te durará hasta la jubilación. El momento de disfrutar lo conseguido. Una ruta bien definida que la mayoría intenta seguir lo mejor que puede, con pequeñas variaciones.
Yo he seguido ese camino a pies juntillas gran parte de mi vida, por suerte, disfrutando de todo el trayecto. Mi paso por la universidad fue la hostia (por la parte social, he de decir), mi trabajo como ingeniero siempre ha sido interesante, me ha hecho crecer, aprender un montón de cosas y ganar buen dinero. Se me da bien lo que hago, y eso ha hecho que seguir el camino estipulado haya sido fácil.
Mi abuela encantada.
Durante los años más tempranos, en ningún momento me planteé la opción de coger un año sabático.
Sin embargo, varias veces en mi vida he llegado a un punto en el que sé que no estoy donde quiero estar. Noto una vocecilla en mi cabeza susurrándome "aquí no es".
Algo que nos pasa a todos en un momento u otro. Pero siempre me había sido relativamente fácil pivotar y encontrar cómo progresar para salir de esa situación. Hasta que llegué al trabajo perfecto para mí.
Cuando empecé a trabar en Microsoft, todo era una fantasía. Viajes a Las Vegas, Dubai, Seattle, Munich... todo pagado. Con 25 años, estaba extasiado. Aprendía de tecnología puntera, trabajaba para clientes muy importantes, me sobraba la pasta... todo lo que podía esperar. Con el tiempo me fui asentando en mi trabajo como ingeniero, buscando proyectos en remoto y disfrutando del camino.
Siempre he dedicado mucho tiempo a otros intereses, he priorizado explorar mi curiosidad y pasar tiempo con mi gente. Algo que por suerte he podido compaginar relativamente bien y con lo que he vivido plenamente feliz.
Pero, aun así, el estar vinculado a un trabajo tiene unos requerimientos que te atan a un horario, a una situación geográfica o a una serie de preocupaciones. Y esto puede no ser compatible con otras aspiraciones. Algo que se me hizo cada vez más evidente según pasaba el tiempo.
Pero renunciar a algo como lo que tenía era difícil. Muy difícil.
1.1 El camino correcto tiene sus fallos
Sumergido en la rutina diaria es fácil perder la perspectiva. Los problemas del trabajo absorben gran parte de tu foco y les das una importancia desproporcionada que eclipsa otras partes de tu vida.
Y aunque gestiones bien los problemas, pueden simplemente ser las responsabilidades laborales.
Si no te paras a reflexionar de verdad, lo más normal es seguir en un trabajo (con suerte) similar. Ir ganando más dinero, ir creciendo poco a poco en responsabilidad, ir gastando cada vez más dinero, esperar al fin de semana para descansar y disfrutar de tu mes de vacaciones anual.
Y finalmente a los 67 años, jubilarte y pasar tus últimos años como te apetezca (y puedas).
Desde luego no es una mala vida tampoco, especialmente si disfrutas de tu trabajo. Pero la pregunta importante es la siguiente.
¿Es la vida que quieres?
Si es así, perfecto. De hecho, si tu trabajo es tu pasión absoluta, estás en la situación perfecta. Enhorabuena. En ese caso, este artículo te servirá de reflexión y como entretenimiento.
De lo contrario, espero motivarte para actuar en consecuencia (y quizás, que te plantees un año sabático :P).
Expandiendo sobre el esquema anterior, la realidad con una perspectiva más amplia suele ser algo parecido a esto:
Durante la juventud sueles tener más tiempo para ti, para hacer lo que quieras. Los deberes son una putada, pero bueno, los haces entre clases y ya está. Algún día tonto puedes copiarlos.
Sin embargo, al empezar la universidad o ponerte a trabajar, es común que ese tiempo se reduzca drásticamente. Al entrar en la vida adulta, las responsabilidades caen sobre ti como una losa con la que tendrás que cargar para siempre.
Estas responsabilidades son parte de la vida y un factor importante para crecer como persona. Pero el problema, es que esa falta de tiempo muchas veces se cronifica.
Empiezas a trabajar, vas enlazando distintos puestos, ves cómo vas afianzando tu posición y la visión de túnel no te permite ver otras opciones. La vida laboral se extiende inexorablemente hasta los 6X años, cuando por fin tendrás tiempo para ti.
Tal vez te haya pasado que llega el final de la semana... y sientes que estás en un bucle de trabajo infinito del que solo escapas los fines de semana y las preciadas vacaciones. O que echas la vista atrás y los meses pasados se te han pasado rapidísimo. Como si no hubiera pasado nada relevante durante todo ese tiempo. Simplemente se te pasa la vida como si estuvieses montado en una cinta transportadora.
Pensando de vez en cuando en esa lejana jubilación.
“Somos avariciosos con el dinero, pero no con el tiempo. Notar que son recursos distintos, el tiempo siempre llega, pero es finito. El dinero al revés. Distinguir esas naturalezas.”
Séneca
Pero para entonces, tu salud no será la misma que la de tu juventud. No podrás disfrutar igual de viajar, del deporte, de hacer locuras, del sexo, de la fiesta, de emprender o simplemente de la libertad. Disfrutarás, eso seguro, pero no de la misma forma. Son simplemente etapas distintas, y ese tren ya habrá pasado.
Pero lo peor es que no sabrás que otras vidas habrías podido vivir.
Entendemos el tiempo como algo garantizado, algo que tenemos asegurado. Lo damos por sentado, hasta el punto de olvidar por completo su importancia.
Aquí te voy a proponer una alternativa a este "camino correcto". Una forma de disfrutar de tu dinero, salud y tiempo sin exponerte a demasiados riesgos.
2. El conflicto
Yo, desde mis primeros años trabajando, he sentido con más o menos fuerza (según el momento) que echaba en falta un “espacio” de más libertad. Para explorar más en profundidad mis intereses. Para experimentar otros caminos. Y viví con esa sensación, esa pequeña incomodidad, durante mucho tiempo. Al fin y al cabo, disfrutaba de mi trabajo, estaba cómodo, era bueno en lo mío, ganaba más dinero del que necesitaba… ¿Qué más podía pedir?
Estaba en la famosa jaula de oro. Pero además de un oro muy bonito y brillante. Una trampa que adormece tu proactividad.
Salir de esa situación es muy difícil. El día a día te arrastra sin pena ni gloria. Tu jaula es cómoda, y todo el mundo a tu alrededor está en una situación parecida (o peor). Por agravio comparativo... ¡Incluso quizás estás muy bien! Pues palante, ¿no?
Al cabo del tiempo en un tipo de trabajo, es fácil vernos atrapados en el microcosmos de ese entorno laboral y dejar de ver la cantidad de oportunidades que hay fuera. Sentir que salir de ahí es una locura. Y si nos planteamos salir, es porque hemos encontrado otro puesto de trabajo similar o mejor. ¿Una jaula más chula?
Nuestro subconsciente a veces ni baraja que existan otras opciones, especialmente si tenemos una jaula bien bonita.
Siempre será más fácil cambiar esta situación si tu trabajo es una mierda. En este caso la jaula no es de oro, es de caca. Tienes menos que perder.
Pero la aversión al riesgo siempre va a estar ahí. Una sensación con la que yo he peleado bastante, pese a ser a veces irracional. Muchas veces ni siquiera es posible articularla, simplemente te da miedo tomar una decisión que te lleve hacia lo desconocido.
Los seres humanos tenemos más aversión a perder que gusto por ganar, como bien demostró Daniel Kahneman en varios estudios, y como seguro que puedes confirmar si analizas tus comportamientos.
Para entender la gráfica anterior, imagina que se refiere a una apuesta con dinero. Las marcas del eje X son 100, 200, 300€.... el dinero real que ganarías o perderías. Como puedes observar, el valor psicológico (eje Y) que le damos a perder 200€ es bastante más importante que el que le damos a ganar 200€.
Esto puedes extenderlo a cualquier otro ámbito de la vida. Ligar, hablar en público, arriesgarse a emprender...
Por esta razón no nos gusta exponernos al rechazo, aunque las consecuencias reales sean inexistentes muchas veces. Por eso los inversores tienden a mantener posiciones perdedoras más tiempo y a vender acciones ganadoras demasiado pronto (estudio). Por eso los negocios de seguros funcionan, y siempre lo harán.
Esta característica instintiva ha ayudado a todos tus antepasados a sobrevivir en entornos hostiles. Hace 50.000 años el pecar de precavido podía salvarte la vida, pero hoy en día muchas veces nos impide tomar las mejores decisiones buscando esa seguridad (muchas veces en detrimento de nuestro futuro).
Una tendencia que se ve claramente reflejada en el dicho:
“Mejor malo conocido que bueno por conocer”
2.1 Cuando la incomodidad es demasiado grande
Pese a esta facilidad para quedarnos en nuestra rutina y nuestra zona de confort, hay situaciones que te hacen replantearte la vida, que te ayudan a coger perspectiva. Que te cambian el mapa de la vida.
Generalmente se dan en tres formas:
Accidentes o enfermedades de gente cercana (o propios). Situaciones que te hacen cuestionarte si realmente estás viviendo como quieres.
Crisis personal cuando no vives de forma coherente con tus valores.
Conocer de forma cercana a alguien cuyo estilo de vida o situación es tan distinta que te hace replantearte las cosas. “¿Podría ser así mi vida? ¿Podría yo ser así?”.
Por desgracia y por suerte, yo he tenido un poco de cada en mi vida. Y eventualmente tuve claro que quería probar algo distinto. Sabía que no quería pasar mi vida trabajando en una empresa ininterrumpidamente hasta jubilarme medio decrépito (eso si no la palmaba antes).
"Tienes dos vidas, la segunda empieza cuando te das cuenta de que solo tienes una"
Confucio
Decidí que iba a hacer algo al respecto. Pero no tenía claro el qué. El año sabático era una idea que ya llevaba un tiempo rondándome la cabeza, y un buen inicio. Pero echaba en falta ir un paso más allá.
En ese momento, yo vivía en el centro de Madrid, en un piso con mi pareja, que además acababa de conseguir un trabajo magnífico. Pensaba para mí - 'A ver cómo le cuento esta... movida'.
Pero primero tenía que definir la movida.
3. La solución
Tras reflexionar sobre el tema largo y tendido, llegué a una conclusión clara: el camino correcto no es el camino correcto, al menos no para mí.
Ese camino correcto sigue un patrón establecido a partir de la revolución industrial y afianzado durante los siglos XIX y XX. Estudia, trabaja de 9 a 6 toda tu vida, jubilate y luego te mueres. Muy práctico para el estado si tienes que ensamblar piezas en una cadena de montaje, pero para el individuo tal vez no sea la mejor opción (y para el estado tampoco hoy en día...).
Lo primero que vi con una claridad cristalina es que no tiene sentido esperar para disfrutar tu tiempo y tu dinero hasta los 67 años cuando te jubiles. Cuando más puedes explotarlo es mientras eres joven.
Otro punto importante en mi planteamiento es que me encanta trabajar cuando algo me motiva y disfruto de probar cosas nuevas (como multipotencial que soy). No soy una persona de una sola pasión.
Hay muchas alternativas a ese camino predefinido, la alternativa más común quizás es emprender. Montar un negocio y poder vivir de él con poco trabajo en el futuro. O con trabajo pero que te llene y te de la libertad que deseas. Una solución muy interesante y que para nada entra en conflicto con lo que voy a contarte.
Otra alternativa es prejubilarse si has sabido acumular el capital o los activos necesarios, pero también implica muchas veces esperar a una edad tardía.
De acuerdo a mi estilo de vida y mis intereses, la solución que mejor me encajó es plantear mi vida laboral intercalando mini-jubilaciones.
Cada X años, tomarme un tiempo largo ajeno a mi ocupación habitual para hacer lo que quiera. Puede ser viajar, trabajar en proyectos personales, emprender, conocer gente, hacerme bailarín profesional… lo que me apetezca.
Es similar al concepto de un año sabático, extendido y planteado como avances de la jubilación con mayor potencial.
Y, por supuesto, este modelo se podría extender añadiendo una prejubilación.
Como ves, es una alternativa no tan disruptiva respecto al "camino correcto", pero que ofrece muchas más oportunidades. (Y posiblemente la línea de la salud también tendría menos pendiente).
Una mini-jubilación pueden ser unos meses, un año, un par de años... dependerá del contexto. Lógicamente no tiene por qué ser un año estrictamente.
Estas mini-jubilaciones serían mis espacios para explorar y empezar con un año sabático, era la opción más obvia. Tal vez en el futuro se transforme en otra solución, pero a día de hoy es lo que me encaja.
Este planteamiento, además, también me proporciona esos espacios para tomar otro camino distinto si lo considero adecuado. Es posible que durante uno de estos periodos monte algún proyecto que me motive tanto como para dedicarme a ello de continuo y me genere el dinero que necesito. O quizás me pongo a trabajar en una ONG me gusta tanto que no quiero dejarlo nunca.
Lo que está claro es que me da perspectiva.
No solo me da tiempo para hacer lo que quiera en este periodo, también es una base que me puede permitir identificar opciones que no veo si vivo enfrascado en la rutina, un espacio para explorar mi creatividad, para conocer gente, etc.
Puede ser una oportunidad perfecta para pivotar a algo distinto, no simplemente para no trabajar. Y por eso no me gusta llamarlo año sabático. Porque, en mi caso, no me gusta estar sin hacer nada productivo. En cuanto tengo tiempo me pongo a investigar otros intereses, a trabajar en algún proyecto personal o a probar otro tipo de trabajo.
3.1 El coste
Por supuesto, si decides tomarte un año sabático o mini-jubilación, implica que tienes que mantenerte durante ese tiempo sin ingresos de tu trabajo habitual. Debido a esto empecé a invertir mis ahorros hace años y a crear algunas fuentes secundarias de ingresos, como pequeños negocios online que podía compaginar con mi trabajo.
Pero esto no es necesario. Con unos ahorros modestos puedes tomarte perfectamente una mini-jubilación, si llevas un estilo de vida moderado y tienes dos dedos de frente.
Me hace gracia la gente que me dice “¿Cómo te puedes permitir algo así? ¡Qué privilegiado!” y luego se sube a su coche que le ha costado 35.000€.
Pero no tienen en cuenta que yo sigo feliz con mi Renault Clio de 2007.
Todo es cuestión de decidir qué es importante para ti en la vida, cómo quieres gastarte tus ahorros (y el tiempo que te cuesta conseguirlos). Con el precio de ese coche podrías pagarte perfectamente un año sabático entero a todo trapo. O incluso dos años más relajados.
E igual que pongo de ejemplo un coche, podría poner cualquier otro capricho. Relojes, bolsos, un iPhone nuevo al año, la nuevas Nike de 200€ o un anillo de compromiso absurdamente caro.
Una mini-jubilación tiene un coste importante, desde luego. Pero con lo que te contaré a continuación, espero convencerte de que merece la pena.
4. Mi experiencia
Siempre he disfrutado de mi trabajo en Microsoft, pero por desgracia no era compatible con encontrar ese "espacio" en mi mente y en mi tiempo. Así que por fin decidí que era el momento de tomarme mi primera mini-jubilación, en forma de año sabático.
No estaba escapando de nada, simplemente explorando.
Lo primero que hice es empezar a hablarlo con mi pareja. Entender su posición y la opinión que tenía al respecto. Tras discutirlo durante un tiempo, llegamos a la conclusión de esperar un poco para que ella afianzase su nuevo trabajo, y luego ambos cogeríamos ese año sabático a la vez para poder experimentarlo juntos.
Por supuesto, me enfrentaba a mi aversión al riesgo. Pero, por suerte, hay algunos recursos para mitigarla.
4.1 Mi pack de preguntas comodín para tomar decisiones:
1. ¿Qué es lo peor que podría pasar si cojo este año sabático?
Que nunca pudiese volver a mi trabajo previo y tuviese que pasar por algún trabajo precario hasta eventualmente volver a encontrar otro satisfactorio. Que tuviese menos dinero para la entrada de una casa, si es que quisiera comprarla.
Fin.
Pensando en ello con detenimiento, no es tan malo. A lo mejor ni es malo y me hace aprender más de la vida.
2. ¿Y lo mejor que podría pasar?
Vivir experiencias increíbles, conocer un montón de culturas distintas, encontrar otras pasiones que no conocía, fortalecer mi relación, crear otras fuentes de ingresos, explorar otras oportunidades laborales mejores... la lista es muy, muy larga.
Una situación, bajo mi punto de vista, caramente asimétrica positiva. Los posibles beneficios superan con creces a los posibles problemas. Y este es el tipo de oportunidades que hay que tomar, aunque parezcan difíciles.
Y la última pregunta del pack:
3. ¿Qué pasará si no actúo?
Que seguiré en mi (muy cómoda) situación, perderé la oportunidad de vivir con esa libertad en cuanto tenga hijos y tal vez nunca vuelva a ser posible. Y lo peor de todo, siempre me preguntaré "¿Qué habría pasado si lo hubiese hecho?". Un ruido que nunca se irá de mi cabeza, me conozco.
Todo parecía indicar que ese año sabático era una buena decisión. Pero además de este convencimiento interno, hay recursos externos que pueden ayudarte.
4.2 La mejor opción para un año sabático: Excedencia voluntaria
En España existe la figura legal de la excedencia voluntaria, un derecho del trabajador que puede facilitar mucho el tomarse una de estas mini-jubilaciones si trabajas por cuenta ajena. Es verdad que tu puesto de trabajo no está asegurado, pero te da ciertas garantías para tomar una decisión de este tipo con más facilidad.
Y este es el camino que tomé respecto a mi trabajo en Microsoft. Pedí una excedencia voluntaria y mi pareja hizo lo mismo. En cuanto a mi segundo trabajo como profesor, tuve que renunciar a él 😭.
Puedes pedir una excedencia voluntaria si tienes un contrato fijo y llevas al menos un año en la empresa. Lo que te prometen es una preferencia para acceder a un puesto de igual categoría a tu vuelta, siempre y cuando haya posiciones abiertas. Es decir, te puedes quedar esperando a que abran posiciones, pero no podrán contratar a nadie que cubra un puesto que tu podrías cubrir.
También pueden ejecutar un despido improcedente y santas pascuas. Pero al menos te llevarás la indemnización.
Si trabajas como autónomo o tienes tu propio negocio, solo tú puedes saber si es factible pausarlo o delegar la gestión. También es verdad que en esta situación siempre sueles tener más flexibilidad para hacer lo que quieras, aunque las barreras mentales son muy similares.
Cerca de terminar este año sabático viajando por el mundo, mi primera mini-jubilación, puedo confirmar que ha sido una de las mejores decisiones de mi vida.
He aprendido muchísimo sobre mí, sobre mi relación y sobre el mundo.
He podido dedicar tiempo y espacio mental a otros intereses, como escribir aquí, aprender de inteligencia artificial o fomentar mis negocios online.
He podido probar otros modelos de trabajo, como ser freelance (autónomo).
He vivido experiencias increíbles y conocido a gente espectacular en sitios como Brasil, Ecuador, Colombia, Costa Rica, Estados Unidos, Tailandia, Japón, Filipinas o Indonesia.
He confirmado que puedo vivir perfectamente con una simple mochila de 35 litros. De verdad, vivimos con mucho más de lo que necesitamos. Si ya era minimalista antes, no sé cómo va a ser cuando vuelva a asentarme en España.
Porque otra cosa que he re-confirmado es que me encanta vivir en España. Echo mucho de menos tanto a mi gente como la cultura y la vidilla en general. Ah! y la gastronomía es inigualable.
Pero lo mejor de todo ha sido experimentar esa libertad total. Decidir cada día lo que me apetece hacer, poder poner mi foco en lo que yo elijo cuando yo elijo, vivir sin el runrun constante de obligaciones externas, tomar distancia y apreciar las cosas positivas y negativas de mi rutina previa.
5. Conclusión
¿Es una decisión fácil? Para nada, pero puede ser una decisión muy acertada. Y preguntarse si quieres seguir el camino preestablecido, es lo mínimo que deberías hacer.
Las opciones son infinitas, la que yo te propongo aquí es la que me encaja a mí.
Una que, gracias a las oportunidades del mundo moderno, no es tan difícil de implementar para cualquier persona trabajadora que controle sus gastos.
¿Me ha costado dinero? Desde luego. Si tienes curiosidad, unos 2.000-2.500€/mes de media, sin privarme y viajando a donde me apetecía. Nada de habitaciones compartidas, tiendas de campaña costrosas o hacer autostop.
Pero para mí, el coste se ve de sobra compensando con lo que me aporta. Y siendo absolutamente transparente, el coste lo he podido cubrir con los rendimientos de mis inversiones, de las que hablaré en otro artículo.
Yo he decidido que me apetecía viajar en este año sabático, pero mi concepto de mini-jubilación es perfectamente válido para cualquier otro interés. Cuidar de la familia, escribir un libro, estudiar, emprender o simplemente rascarte el culo. La cuestión es romper la rutina habitual para coger perspectiva y poder explorar y disfrutar más allá de ella.
Salirte un momento del "camino correcto" y coger aire para decidir de forma intencional por dónde quieres seguir.
¿Volveré a Microsoft cuando termine el periodo de excedencia? Aún no lo sé, el tiempo dirá. Quizás tampoco tenga la posibilidad. Pero no es algo que me preocupe. Estoy feliz.
Y de ahora en adelante, tengo claro que las mini-jubilaciones van a formar parte de mi vida.
Este año sabático ha sido un antes y un después en mi vida. Y espero que la reflexión te pueda valer para algo en la tuya.
Un abrazo,
Julio.



















