No pienses como un primate (Parte II): Dinámicas tribales
En la Parte 1 de esta serie (indispensable leerlo antes de este artículo) presenté un modelo dual de la mente humana, y como afecta a nuestra manera de pensar:
Mente Primate: La parte más primitiva e instintiva. La que te pide sexo, nutrientes, dormir y perseguir la dopamina. La que busca encajar en la tribu y no ser un paria.
Mente Sapiens: La parte que te permite controlar tu respuesta frente a los impulsos. La que te ayuda a razonar, a planificar a largo plazo, a conocerte a ti mismo y a tener el control de las situaciones.
Todo esto lo articulaba a nivel individual. Pero somos un animal social.
Los contextos sociales en los que nos encontramos como ser humano afectan enormemente a cómo pensamos. Y el cómo pensamos como individuos, afecta enormemente a cómo se desarrolla la cultura y las ideas en la sociedad. Que a su vez nos afectan a nosotros. Es un círculo infinito.
1. Dinámicas tribales
Como individuo perteneces a distintos grupos sociales. Y cada grupo social se rige por una serie de convenciones, normas, incentivos y castigos. Este conjunto de reglas lo llamaré cultura intelectual.
Cuando hablo de grupos sociales, puede ser una pareja, grupo de amigos, los ciudadanos de una ciudad, país, personas de una determinada raza, etc.
En cada grupo cultural tiene su propio sistema de normas. Los que juegan de acuerdo a las reglas reciben aceptación, respeto o admiración. A los que se salen de las reglas se les ridiculiza, se les hace sentir vergüenza o se les excluye.
La complejidad del asunto reside en que vivimos en una intersección de culturas intelectuales.
Y aquí hay un dilema. ¿Nos mantenemos puramente fieles a nostros siempre? ¿Cambiamos de forma de pensar según el grupo en que nos encontremos en ese momento? ¿Nos apegamos con las ideas de un grupo en concreto? Si has leído mi artículo acerca de por qué deberías ser un sinvergüenza, ya sabes por dónde van los tiros.
Pese a que todas las culturas intelectuales a las que perteneces son distintas, todas se pueden caracterizar según el nivel de pensamiento predominante, y el resultado es radicalmente diferente.
Laboratorio Intelectual
Si se junta un grupo de gente en el que predomina la Mente Sapiens, será un grupo productivo y en constante mejora. En este tipo de grupos se fomenta el pensamiento independiente, los retos y la búsqueda de la verdad. Es el entorno perfecto para formular y validar hipótesis, así como colaborar.
Esto no quiere decir que todo el mundo se lleve bien, ni que estén de acuerdo. Pero las reglas en este tipo de cultura fomentan el debate constructivo.
Los argumentos de alguien en oposición a una opinión de otro individuo no se toman de forma personal. Las personas y sus ideas son cosas diferentes.
Llamaremos a este tipo de cultura Laboratorio Intelectual.
En un Laboratorio Intelectual pueden surgir ideas que ninguno de los individuos de ese grupo podría haber generado por sí solo. Esta cultura incita a retar las ideas existentes, a compararlas con nuevas propuestas, a crecer. No tiene miedo a nuevos retos y, de hecho, los busca.
En un Laboratorio Intelectual la humildad es una cualidad necesaria. La gente va a retar tus ideas, te van a corregir cuando sospechen que estás equivocado. Y esperan que tú hagas lo mismo.
Si un elemento empieza a comportarse con un nivel de pensamiento inferior guiado por la Mente Primate, será fácilmente identificable y perderá muchos de los incentivos que existen en este tipo de culturas (reconocimiento, prestigio, crecimiento...), por lo que de forma natural tenderá a volver a ascender en nivel de pensamiento.
El buscar la verdad y aceptar los errores, lleva a una moralidad consistente y sostenible.
Caverna
Ahora pongámonos en el caso de que se junta un grupo de gente en el que predomina la Mente Primate.
Como te imaginas, aquí no se busca el debate y el crecimiento. Lo que rige este tipo de grupos es la presión de grupo, el pensamiento comunal y la conformidad. Llamaremos a este tipo de grupo Caverna.
En la Caverna, las ideas establecidas se repiten frecuentemente para reforzarlas. Y eco que hay dentro de la caverna hace que estas ideas te lleguen continuamente. Además, las ideas tienden a ser simplistas, ya que así requieren menos esfuerzo mental y calan más fácilmente (“los judíos son los culpables de nuestros males”, “Dios es todopoderoso, simplemente haz caso”, “hacer chistes contra los homosexuales es de machote”, “la bandera de España es de fachas”, etc.).
Si sugieres ideas nuevas, serás censurado e incluso castigado. Que reine el status quo.
Las ideas son sagradas y se fomenta el expresar tu aprobación. De lo contrario serás sospechoso, castigado o expulsado de la Caverna. La humildad en este tipo de grupos no es deseable. Decir "no lo sé" se castiga. Aquí la identidad de una persona se equipara a sus ideas y a la convicción con que las defiende.
Una Caverna se puede formar en un grupo de gente con ideas afines, algo relativamente común dada nuestra tendencia al homofilia (relacionarnos con gente afín). O también puede darse en un grupo en el que hay un abusón intelectual, por ejemplo, una pareja que te ridiculiza cuando no piensas como él/ella.
Este tipo de entorno es contagioso. Cuanto más tiempo pases en una Caverna, más convencido estarás de las ideas que proclama (de ahí, parte de la dificultad de salir de una relación abusiva).
"Repite una idea lo suficiente y se convertirá en verdad"
Goebbels
Aunque haya mentes dentro de la Caverna que no estén del todo de acuerdo con el ideario, esta cultura opresora las silencia, cortando de raíz cualquier evolución.
Por tanto, un grupo así se convierte en algo que piensa peor que un humano individual.
Además, nuestra tendencia a preocuparnos por lo que piensan los demás de nosotros nos empuja a intentar conformar con el grupo de forma instintiva. A ser el statu quo.
Los seres humanos tenemos una capacidad asombrosa para adaptarnos a la situación, y podemos comportarnos (e incluso 'pensar') de forma muy distinta según el grupo en que nos encontremos.
Es posible que con tu pareja seas una persona excepcional. Abierto al debate, aportando nuevas ideas, humilde… pero con tu grupo de amigos te comportas como un borrego de forma inconsciente. No te atreves a expresar tus opiniones, sigues manteniendo las mismas reglas sociales que cuando eráis adolescentes sin pensar en su validez, etc.
Probablemente, al leer esto te estás imaginando grupos directos. Es decir, grupos de personas que se conocen entre sí personalmente y les une algún tipo de lazo social directo. Sin embargo, los seres humanos somos capaces de mucho más. Para bien y para mal.
2. El cambio de paradigma social: la Revolución Cognitiva
Muchos animales de carácter social forman manadas que revierten en el beneficio global del grupo, y los humanos somos animales sociales.
Hasta hace unos 70.000 fuimos una especie con un estilo de vida cazador-recolector que vivía en grupos de 20-50 individuos de forma nómada-tribal (un número que, como veremos a continuación, no es arbitrario).
Pero entonces ocurrió algo que cambiaría completamente el comportamiento del ser humano: la Revolución Cognitiva.
En el corto periodo entre 70.000 AC y 30.000 AC (corto en comparación a los millones de años que el ser humano estuvo confinado en Africa sin ningún avance especial), el homo sapiens colonizó el mundo entero, inventó el arco para cazar, las lámparas de aceite, los barcos y un largo etc. También de esa época son las primeras piezas artísticas encontradas, las pruebas de actividades religiosas y de estratos sociales.
A los nuevos patrones de pensamiento y comunicación que surgieron es esta época, los investigadores los denominan la Revolución Cognitiva.
Y uno de los factores que la propiciaron fue nuestra capacidad lingüística para comunicarnos. Pero los leones, pingüinos, ballenas… también se comunican y pueden transmitir miles de conceptos con su lenguaje. ¿Qué nos hizo tan especiales a nosotros, que éramos poco más que un mono de tamaño mediano?
La capacidad de hablar de cosas que no existen.
Un chimpancé puede avisar a otro de que viene un león, de que tiene sed o de que le duele el brazo.
Pero no puede hablarle de un Dios Mono o de Telefónica Monos S.L.
Las leyendas, mitos, dioses y religiones surgieron por primera vez en la Revolución Cognitiva.
Pero las ficciones que podemos crear no solo nos han permitido simplemente imaginar movidas guapas como un Dios Mono todopoderoso. Nos han permitido hacerlo de forma colectiva a gran escala, creando realidades intersubjetivas y dando lugar a estructuras ficticias tan importantes como el Cristianismo o los estados nación actuales.
Ideas que solo existen en nuestra imaginación y que nos han permitido colaborar de formas inimaginables para cualquier otra especie.
Los chimpancés pueden formar grupos y alianzas, normalmente de unos 20-50 individuos. Colaboran en conseguir comida, despiojarse, e incluso en peleas políticas (por ejemplo, para quitarle el puesto a un macho alfa).
Sin embargo, esos grupos no superan los 100 individuos. Pasado ese umbral la colaboración e interacción social se desestabiliza y se separan en grupos más pequeños, ya que en estos grupos los individuos han de conocerse personalmente, y mantener una relación directa con un número mayor de individuos es impracticable.
Incluso hoy en día, para un humano es insostenible mantener estructuras sociales directas de más de 150 individuos.
Nota sobre esta estimación
Esta es una estimación denominada Dunbar's number, aunque hoy se cuestiona con los nuevos métodos de comunicación, pero si aplica perfectamente a la sociedad de esa época.
Para crear grupos más grandes hace falta una idea que aune a esas personas, y esa idea siempre es abstracta. Una empresa, una nación, un partido político, una religión, etc. Ideas que un chimpancé no puede comprender.
Esta capacidad hizo posible la colaboración entre grandes grupos de humanos, de nuevo, para bien y para mal.
3. El todo es mejor (o peor) que la suma de sus partes: Meta-Culturas
Ya hemos visto la capacidad de un Laboratorio intelectual de generar nuevas ideas que serían imposibles de forma individual.
Esta situación se puede escalar al caso en el que varios Laboratorios Intelectuales colaboran entre sí manteniendo una cultura similar en torno a una idea abstracta, generando así un Meta-Laboratorio Intelectual.
Un buen ejemplo son las universidades. La comparación de publicaciones y estudios, prácticas como el peer-review, los intercambios, las conferencias internacionales, la publicación de resultados, etc. generan un tejido intelectual que ha propulsado al ser humano a cotas inimaginables de innovación y sabiduría.
Además, en estas estructuras se produce un efecto de auto-refuerzo. Cuanto más se colabora, más se crece, y cuanto más se crece, más se colabora.
Esto crea una espiral de crecimiento que convierte a estas culturas en la vanguardia absoluta de la innovación.
Pero no todo es bonito. También se pueden formar grandes Meta-Cavernas abstractas. Aunque en este caso, por la naturaleza de las cavernas, es más difícil que se formen como una unión. Generalmente se forman como una caverna que va canibalizando a otras culturas intelectuales (ya sean cavernas o laboratorios intelectuales) por fuerza e intimidación.
Piensa en el régimen Nazi o en el ejército rojo del siglo XX (o XXI…). Disentir de las ideas del partido era un crimen severamente castigado, incluso con la muerte.
Se busca la conformidad con el ideario establecido, pensar por ti mismo está muy mal visto. Se buscan las manifestaciones unánimes donde se pierde la identidad individual.
Realmente cualquier régimen donde se lleva a cabo una política de represión y miedo sigue este patrón.
Como consecuencia, la moralidad se ve comprometida al tener que expresar nuestra conformidad con el ideario establecido, sean cuales sean las circunstancias y nuestras convicciones. Una situación que lleva en muchos casos a decir una cosa (lo que dicte la Meta-Caverna) y hacer otra. La hipocresía es común.
La especialidad de este tipo de grupos es la fuerza bruta. Se presentan como un grupo que está seguro de lo que proclama al 100%. Para mantener este tipo de cultura a gran escala, generalmente es necesario tener a otro grupo similar como enemigo, esa idea de 'nosotros contra ellos' es una de las bases de su existencia.
De forma paralela a una Carverna, aunque haya grupos dentro de la Meta-Caverna que no estén del todo de acuerdo con el ideario, esta cultura opresora las silencia, cortando de raíz cualquier evolución. Esta es su forma de mantener la hegemonía.
Por tanto, una meta-cultura así se convierte en un monstruo que piensa peor que aún que las cavernas que lo formaron.
Conclusión
Podríamos resumir el comportamiento de estos dos tipos de culturas intelectuales así, cualquiera que sea su escala:
Seguro que ya has identificado distintos grupos en los que te has visto envuelto, y hacia qué nivel de pensamiento tiran. Te animo a dedicarle un tiempo a analizarlo. A pensar a que grupos quieres pertenecer y a cuáles no. A pensar cómo quieres integrarte en dichos grupos, y cómo ser auténtico contigo mismo.
Pese a que a veces pueda parecer que no, es una elección personal.
"Los hombres sabios tienen ideas, los sumisos ideología."
Teócrito
Un abrazo,
Julio.















