Menos propósitos y más decisiones
¡Feliz año!
Con el año nuevo reciente, muchos definen sus propósitos para este año entrante. Sin embargo, todo parece indicar que esta costumbre es bastante inútil. De hecho, los estudios demuestran que cerca del 80% de las personas abandonan estos objetivos antes del 19 de Enero. El otro 15% tal vez lleguen a Marzo😅, y unos pocos consiguen llevarlos a término.
Si quieres ser de estos últimos, sigue leyendo.
Los propósitos están bien como meta aspiracional y para tener una dirección general, pero por sí solos valen muy poco. Tanto es así, que me he prohibido ponerme propósitos si no van acompañados de decisiones concretas y planificación. Las aspiraciones sin definición y sin convicción son muy poco efectivas.
Primero, tomar una decisión implica mucho más compromiso, psicológicamente hablando. No ‘tienes intención’ de hacer eso que te propones. Vas a hacer eso que te propones. El cambio al que aspiras pasa a formar parte de tu vida desde ya. Además, te obliga a pensar en qué se traduce ese objetivo a la hora de actuar. La disciplina de mantener tus decisiones es una capacidad que se trabaja y mejora como un músculo. Si no acostumbras a cumplir lo que te propones, empieza por tomar decisiones no demasiado ambiciosas, y según vayas cumpliéndolas, incrementa tu ambición.
Segundo, añadir una planificación baja a tierra esa aspiración y la descompone en pasos e hitos más pequeños y accionables que te ayudarán indudablemente a acercarte a tu objetivo. Ya he mencionado en este artículo (por encima) la cadencia trimestral que uso para planificarme y revisar mi evolución. En el cambio de año también aprovecho para hacer este mismo proceso a más alto nivel, analizando el año anterior y definiendo los objetivos del que entra.
Aquí tienes un par de ejemplos:
“Voy a ponerme en forma este año”
Establezco un objetivo alcanzable y medible en un plazo razonable (’perder 5 kg antes de Julio y 10kg antes de 2027’ o ‘hacer 8 dominadas estrictas para finales de año, 5 para Junio’).
Elijo un gimnasio/deporte concreto.
Me doy de alta y pago la cuota antes de terminar Enero.
Compro el equipamiento necesario.
Defino la rutina que voy a seguir (días, horario, excepciones, etc.).
Me comprometo a no comprar guarradas en el supermercado. Prohibido fritanga, patatas de bolsa, bebidas azucaradas y bollos. Lo apunto en mayúsculas en la pizarra donde pongo la lista de la compra.
Encuentro una app para hacer seguimiento de mi progreso, me comprometo a un mínimo de 2 días a la semana, llueva o truene.
Busco a algún amigo/a que se comprometa conmigo.
Incluyo el deporte como parte de mi identidad. A partir de ahora no ‘hago deporte de vez en cuando’; soy deportista. Lo escribo en mi diario, se lo digo a la gente, me lo recuerdo cuando me dé pereza.
“Este año quiero ahorrar más”
Defino mejor el objetivo (alcanzable y medible) -> ‘Ahorrar al menos un 15% del salario’.
Encuentro dónde aprender de finanzas personales antes de terminar enero.
Empiezo a utilizar una app de control de gastos/ingresos.
Defino los gastos superfluos que sueles hacer y analiza como ir reduciéndolos (por ejemplo, dejar de comprar lotería o reducir la cantidad de comida que pido en Glovo y cocino más en casa).
Configuro una transferencia automática a una cuenta de ahorro (o fondo de inversion) del 15% de mi salario según lo recibo, el resto es lo que tendré para gastar.
Creo un excel de seguimiento de patrimonio y lo actualizo mensualmente.
Son ejemplos muy típicos y trillados, pero creo que ilustran bien la idea. Es más fácil hacer esta definición intencional que cumplirla, pero es que el 90% no se para ni a definir, y luego se sorprende de no cumplir. El tema de la disciplina da para un buen artículo (o dos :D).
¡Te deseo un año lleno de buenas decisiones, planes llevados a término y objetivos cumplidos!
Un abrazo,
Julio.




