Por qué todo te parece insuficiente
El origen de la frustración moderna
Cada día me cruzo con personas a las que veo corriendo de un lado para otro, ya sea física o mentalmente. Guiados por una ansiedad sorda o luchando contra una constante frustración cuyo origen no acaban de identificar. Y es que el consumismo se ha instalado como base de la vida moderna. Pero, como vamos a ver, entraña grandes problemas.
En el último artículo ya introduje la idea del minimalismo como algo fundamental en mi vida. Un concepto que he extendido a filosofía de vida y gracias al cual he experimentado unos beneficios difícilmente previsibles. Más claridad, más tiempo, más dinero, más calma, más libertad...
En este artículo, quiero ayudarte a entender por qué hoy en día el minimalismo es más importante que nunca, por qué es tan difícil de implementar y por qué más cosas no van a hacerte más feliz.
También quiero desmontar algunos de los obstáculos que indudablemente te vas a encontrar y proporcionarte motivación para enfrentarlos.
Parte I: Entiende tu contexto
1. Conoce a tu Ardilla Acumuladora
Partamos de la base de que los humanos somos primates un poco pasados de rosca. Primates modernos.
Durante cientos de miles de años hemos evolucionado biológicamente para la supervivencia como cazadores recolectores. Esto ha grabado a fuego en nuestra memoria genética (instinto) algunas tendencias. Desde el querer encajar en la tribu hasta la aversión al riesgo.
Pero aquí me centraré en otra importante faceta: el instinto de almacenar bienes, recolectar. Un instinto diseñado para la supervivencia, no para la felicidad.
Si has tenido un hámster o has observado a una ardilla en su entorno, te habrás dado cuenta de que les gusta almacenar cosas. Ya sea en los mofletes (si tienes al pobre animal en una jaula), en una madriguera o en un agujero de un árbol. Estos roedores tienen el instinto de almacenar semillas y frutos secos para cuando vengan las vacas flacas.
Los seres humanos tenemos la misma tendencia que una ardilla (estudio): la acumulación de bienes para poder tirar de ellos en los momentos difíciles. Cuando vienen mal dadas, el tener guardado lo necesario puede salvarte.
¿Recuerdas a la gente comprando 25 paquetes de papel higiénico durante la pandemia del Covid-19? Pues eso.
Todos vivimos con esa Ardilla Acumuladora acompañándonos en nuestra cabeza e incitándonos a acumular cosas.
Además, como especie, la posesión de muchos bienes ha sido un símbolo de poder desde hace milenios, lo cual añade una perspectiva social. Te ayudaba a demostrar tu capacidad para sustentar una familia, tribu, castillo o poblado.
Sin embargo, la cultura y la sociedad han evolucionado mucho más rápido que nuestra biología de primate. Hoy en día tenemos inventos tan avanzados como la escritura, la moneda, los derechos de autor, el bitcoin o los fondos de inversión. Formas de acumulación de riqueza que no son necesariamente físicas.
Y la forma más importante de todas: la riqueza intelectual. Una persona materialmente modesta con la mentalidad y habilidades adecuadas es mucho más valiosa (y posiblemente feliz) que un inepto con 5 coches y 2 mansiones.
De hecho, algunas de las personas más ricas de nuestra época han aplicado el minimalismo en muchos ámbitos de su vida. Por ejemplo, Mark Zuckerberg o Steve Jobs.
La Ardilla Acumuladora no es inherentemente nociva. El acumular riqueza es efectivamente un seguro a largo plazo que puede proporcionarnos tranquilidad y sacarnos de apuros. El problema es que la Ardilla tiene una tendencia muy fuerte a incitarnos a acumular cosas, y no necesariamente a acumular riqueza. Especialmente riqueza en el sentido moderno de la palabra.
Y pese a todo esto, seguimos viviendo con esa Ardilla Acumuladora pidiéndonos más cosas continuamente. Forma parte de nosotros.
Y, por desgracia, no es el único factor que juega en tu contra.
2. La cultura del consumismo
Como homo sapiens, somos criaturas inherentemente sociales y muy influenciables por nuestro entorno.
Y a lo que nos impulsa el entorno actual es a consumir como medio para la felicidad. A mostrar nuestro estatus con cosas. A demostrar nuestro amor regalando cosas. Es lo que hace la gente a nuestro alrededor y lo que nos bombardea constantemente en redes sociales.
¿Crisis de identidad? Un coche nuevo lo arreglará.
¿Me han subido el salario pero sigo sintiéndome igual de vacío? Voy a comprarme el último smartwatch.
¿Siento que estoy estancado en la vida? Creo que es hora de comprarse una casa más grande.
¿La he liado y mi pareja se ha cabreado? Le compro este caprichito y arreglado.
Compro, luego existo.
Intentamos llenar un vacío interno con cosas. Arreglar problemas profundos con bienes materiales. Comprar felicidad. Este es el habitat perfecto para que la Ardilla Acumuladora nos repita incesantemente 'más es mejor'.
Lo cual desemboca en que muchas veces asociemos de forma unívoca el ganar dinero con la felicidad, ya que es el medio que nos permite comprar más cosas.
La carrera de la rata
Esta asociación, unida al impulso de consumir continuamente, lleva a mucha gente a vivir en la carrera de la rata. Un círculo vicioso aderezado con ansiedad y sensación de falta de control, potenciado por el consumismo.
Podría parecer que, con ganar algo más de dinero es suficiente para salir de esta situación. Pero la realidad es que la inmensa mayoría, al ganar más dinero, incrementa el consumo de su estilo de vida quedando de nuevo atrapada en la carrera de la rata. Este fenómeno se conoce como inflación de estilo de vida.
El acabar en esta situación en primera instancia no es sorprendente. Si has tenido suerte, durante tu infancia te habrán intentado inculcar que lo importante no es el dinero ni los bienes materiales. Sino el cariño, la integridad, el respeto, etc.
Pero incluso en este caso ideal, todo a nuestro alrededor nos incita a pensar que necesitamos ese nuevo cacharro, comprar la ropa de moda o llevar un nuevo reloj para demostrar nuestro estatus. Y posiblemente, aunque padres te intentasen inculcar esos valores que mencionaba, su comportamiento muchas veces demostraba esa tendencia a buscar la satisfacción en bienes materiales.
Y es que hay hordas de expertos en neuromarketing buscando crear esa insatisfacción y generando nuevas necesidades. Estimulando a la Ardilla Acumuladora constantemente.
Todo nos hace sentir que lo que tenemos es insuficiente, esta es la base del consumismo.
Tu teléfono móvil de hace 2 años => Obsoleto, cómprate el nuevo modelo, vas a flipar con la nueva cámara.
Tu ropa => Fuera de moda, vas a ser una pringada. Este otoño se llevan tonos ocre y blanco roto.
Tu cocina => Gastas demasiado tiempo. Cómprate este cortamanzanas, te cambiará la vida.
Tu moto => Una tartana, píllate una más potente financiada por solo 150€/mes (10% de intereses).
Además, el vernos rodeados de gente en esta situación hace que la normalicemos.
El minimalismo puede ser una potente herramienta para salir de este ciclo, pero los obstáculos son muchos.
El marketing moderno
Originalmente, los anuncios previos al siglo XX simplemente conectaban a los productores de bienes con los consumidores que los necesitaban de verdad. Pero como bien escribe Stuart Ewen en su libro Captains of Consciousness:
"Los anuncios se incrementaron dramáticamente según la industrialización incrementaba la oferta de productos fabricados. Para aprovechar este incremento de producción, la industria necesitó reclutar nuevos consumidores. Para ello inventó la disciplina del marketing, diseñada para influenciar el comportamiento de los consumidores a gran escala".
Las estrategias de mercadotecnia evolucionan continuamente desde entonces buscando generar emociones en los consumidores que les inciten a consumir.
Esto llega hasta el punto de que hay estudios que demuestran como la oxitocina (una hormona neuroactiva) está implicada en la relación que establecemos con ciertas marcas, usando los mismos mecanismos que empleamos en nuestras relaciones sociales.
Pero esto no termina ahí. Hasta principios del siglo XXI esto era incluso manejable con un esfuerzo relativo. Pero hoy en día, cada vez nos relacionamos más en redes sociales y menos en persona. Redes sociales cuyo objetivo es exclusivamente uno: engancharte para mostrarte anuncios.
Párate un momento a reflexionar sobre esto, es importante.
El mayor medio de comunicación interpersonal actual está gobernado por un imperativo de intentar venderte cosas. Hablar con tus seres queridos, es un vector de venta.
Esto implica que hoy en día, el marketing es inherente al tejido social moderno.
Inmediatez, consumo emocional y agravio comparativo
Otra de las 'ventajas' del mundo moderno es que disponemos de negocios dispuestos a darnos lo que queramos de forma inmediata. Puedes tener casi cualquier cosa en la puerta de tu casa en menos de 24h, y por supuesto con opciones low cost. Usar y tirar como forma de vida.
¿Que más da si luego este bikini no me queda bien? Total, cuesta 10€.
El consumo emocional es la norma, no la excepción.
Hemos llegado a un punto en el que irse de compras es una forma de ocio e incluso de 'terapia' para algunas personas. Con sus propios festivales, como el Black Friday o Navidad.
Una vez creada esa relación insana con comprar, hay incluso gente que es incapaz de tener dinero en el banco sin buscar algo en lo que gastárselo. Tal como entra, sale. O incluso se endeuda para adquirir cosas que no puede permitirse. Teniendo así menos dinero y creando preocupaciones adicionales. En este artículo no voy a profundizar en finanzas personales, pero desde luego está relacionado.
Compramos cosas que no necesitamos, con dinero que no tenemos, para impresionar a personas a las que ni siquiera conocemos.
Además, debido al instinto de pertenencia al grupo, tenemos dos tendencias muy nocivas si no las controlamos:
Compararnos con lo que tienen otros para medir nuestra felicidad
Querer tener lo mismo que otros para integrarnos en un determinado grupo social
La necesidad puede generarse simplemente al ver lo que tiene otro. El 'culo veo, culo quiero' de toda la vida.
Este efecto se ve reforzado por las redes sociales, donde generalmente vemos una realidad sesgada que muestra solo el lado positivo de la vida de los demás y donde la gente ostenta lo que tiene (o alquila…) continuamente.
Creemos que tener más es mejor. Punto. El consumismo es guay. Es lo que la Ardilla Acumuladora nos dice incesantemente. Lo que los genios de marketing nos hacen creer. Lo que todo nuestro entorno parece creer también. Es un espejismo muy difícil de romper.
La realidad, sin embargo, es muy distinta.
Parte II: ¿Te van a hacer más feliz las cosas?
En el mundo real, el influencer de la derecha en el gráfico anterior podría sentirse miserable o ansioso cada día, y la persona de la izquierda perfectamente feliz. O al revés.
La realidad es que los bienes materiales en ningún caso van a ser lo que te haga más feliz mientras tus necesidades básicas estén cubiertas razonablemente bien. Esto es muy fácil de comprobar simplemente analizando a personas en ambas situaciones.
Por un lado, hay muy buenos ejemplos de gente que con poco es plenamente feliz y, por otro lado, es muy fácil encontrar a gente que con una cantidad absurda de cosas es miserable por más que siga comprando.
Pero cuidado, tu mentalidad al respecto sí que puede alterar enormemente tu felicidad y tu sensación de satisfacción con la vida.
Una idea que ya promulgaba el budismo desde hace siglos: 'El deseo es el origen del sufrimiento'. O mi abuela con la sabiduría de posguerra: 'No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita'.
Una persona que tiene muchas cosas puede ser infeliz ansiando aún más, mientras que otra persona con la mitad de cosas puede ser plenamente feliz.
El ideal como minimalista es reducir lo que tienes y lo que quieres exclusivamente a aquello que te aporta valor. Un valor real, no ruido.
Por supuesto, es posible que no puedas permitirte todo lo que quieres y realmente te aportaría valor. Pero también es buena práctica relativizar ese valor. Una vez tienes cubiertas tus necesidades materiales básicas, lo verdaderamente importante no se puede comprar: salud, amistad, amor, autorealización...
Y aquí he de hacer un apunte importante. Así como tener más cosas no te hace más feliz, sí que hay una correlación demostrada entre felicidad y dinero, al menos hasta cierto nivel económico (aunque hay varios estudios contradictorios).
En mi experiencia personal, he sido total y absolutamente feliz con unos pocos cientos de euros en mi cuenta durante mis años como estudiante (contando con alojamiento y comida asegurados por mis padres). Así que tengo mi propia opinión al respecto.
Lo que sí está claro es que disponer de dinero, implica menos preocupaciones por cualquier cosa que se pueda pagar, más tiempo que podemos comprar con ese dinero, más sensación de control y más flexibilidad para pasar el tiempo como queremos o con quien queremos.
Por tanto, el dinero en sí, o el buscar ganar dinero no es ningún problema. Siempre que tengamos claro su papel y tengamos nuestras prioridades claras. De hecho, verás que en este mismo blog hablo de dinero sin tapujos (por ejemplo: como hacerte millonario con el sueldo medio).
No obstante, recuerda que tener dinero, no tiene por qué implicar tener muchas cosas. Estamos hablando de conceptos distintos. Comprarte más cosas no va a mejorar tu satisfacción personal a medio-largo plazo por mucho que la emoción de comprar, el entorno actual y el marketing nos incite a pensar que sí.
Pero entonces... ¿por qué sentimos ese subidón a la hora de comprar?
La (in)satisfacción de comprar
Recuerdo la emoción de comprarme un videojuego nuevo cuando era pequeño. Ir a la tienda y ver las carátulas, ir leyendo las instrucciones en el coche mientras mi madre conducía. '¡Qué ganas de abrirlo en casa y viciarme!'
Esa emoción que sentimos, la genera en gran medida la dopamina. Un neurotransmisor que nos hace sentir bien y genera esa excitante anticipación. La dopamina tiene un importante sentido biológico, pues nos ayuda a esforzarnos por cosas de las que esperamos una recompensa, como la comida o el sexo.
Robert Sapolsky, doctor por Standford en neurociencia, estudió el comportamiento de este neurotransmisor en monos, y cómo juega un papel fundamental en esa anticipación y cae después de recibir la recompensa (vídeo: Dopamine Jackpot! Sapolsky on the Science of Pleasure).
Este es el patrón que sigue el comprar algo nuevo. Pero ese pico de dopamina que genera no dura mucho. Comienza con la anticipación previa a comprarlo (bien trabajado por la gente de marketing) y empieza a caer poco después de adquirir el objeto en cuestión.
Necesitarás otro videojuego. Necesitarás ese nuevo modelo de móvil, otra vez. Un coche más potente. Renovar tu armario para la nueva temporada. Querrás mudarte a una casa más grande.
Por supuesto ninguna de estas cosas que compramos nos traerá esa felicidad duradera a la que aspiramos. Es dopamina 'barata'.
Y no solo eso. En muchos casos, debido al marketing del 'nuevo modelo' y al agravio comparativo, esa cosa que tanto nos gustaba antes se convierte incluso en una fuente de frustración.
“No estropees lo que tienes deseando lo que no tienes; recuerda que lo que tienes actualmente una vez estuvo entre aquello que deseabas.”
Epicuro
Muchas veces ni siquiera sabemos por qué compramos esas cosas. Simplemente funcionamos en piloto automático haciendo caso a la Ardilla Acumuladora y fluyendo con la cultura actual que te incita a seguir consumiendo sin plantearte demasiado.
Es una pescadilla que se muerde la cola. Compras para sentirte bien, se diluye la emoción inicial y necesitas buscar otra cosa para comprar. Después de pasar por este ciclo varias veces, terminas rodeado de trastos, sin saber muy bien qué hacer con ellos, con menos dinero y sintiendo un vacío aún mayor mientras buscas qué comprarte ahora.
Y es que los humanos somos muy malos en saber que nos hace felices.
Tendemos a darle más importancia a la satisfacción inmediata que a aquello que tiene más papeletas para hacernos felices a medio y largo plazo.
Es bastante común confundir la emoción que suscita una nueva compra con felicidad. Pero aumentar tu felicidad mediante consumismo simplemente no funciona, más allá de ese momento de interés que no suele ser más que una distracción. Cada vez necesitarás un estímulo más fuerte para mantener esa falsa sensación de felicidad.
Este fenómeno también recibe el nombre de adaptación hedónica y explica cómo nos acostumbramos a lo nuevo, perdiendo así el interés que suscitaba al principio y volviendo al mismo nivel base de felicidad. Y, de hecho, generamos tolerancia a comprar cosas nuevas, igual que un drogodependiente a las drogas (estudio). Cada vez necesitaremos comprar más si lo convertimos en nuestra fuente de satisfacción.
El estar centrados en obtener la satisfacción mediante cosas y centrándonos en lo que tienen los demás puede distraerte de otras cosas que sí que son importantes en la vida. Y el propio hecho de no obtener esa satisfacción que esperas, además, genera frustración.
Con lo cual, es muy probable que acabes muy perdido y frustrado si tu fuente de satisfacción es el consumismo.
Parte III: La inevitabilidad de acabar rodeado de trastos
Incluso entendiendo el contexto social y tus tendencias intrínsecas, es muy fácil acabar rodeado de trastos. No hace falta ser un comprador compulsivo para caer en la trampa.
Muchas veces nos auto-justificamos la necesidad de comprar algo con excusas fáciles.
O simplemente vemos que está muy barato, de oferta, o es 'exclusivo' y nos tiramos a por ello.
A veces ni siquiera es por iniciativa nuestra. Puede que recibamos regalos. San Valentín, el Día del Padre, Día de la Madre, Navidad, Cumpleaños... forma parte de nuestra cultura materialista.
Al cabo de no tanto tiempo, acumulamos una cantidad inmensa de objetos. De los cuales, según nuestro nivel de acumulación, podemos usar hasta menos del 1%. Y esto no es una exageración. Piensa en una casa unifamiliar de 3-4 habitaciones, con garaje y trastero. Muy probablemente hay miles de objetos que no se han usado durante años (ni se usaran nunca).
Puedes creer que tú no eres así, que eres consciente de cómo es el entorno y actúas en consecuencia. Y es posible, pero muy poco probable si no te has parado de verdad a pensar en el tema.
En mi caso siempre he llevado una vida relativamente frugal, sin valorar en exceso los bienes materiales, sin derrochar en lujos… y sin embargo, cuando me paré a analizarlo, estaba rodeado de cosas que no aportaban nada en mi vida.
30kg de libros, cuadernos y apuntes del colegio? 8 memorias USB? 6 cinturones? 35 camisetas? 25 cucharas? 8 abrigos? Por no hablar de la inmensidad de cacharros gratis de convenciones, tonterías de Aliexpress, ropa comprada en un outlet porque estaba barata, 'recuerdos', etc. La lista era muy larga. Mucho.
Puede parecer que una persona con poco dinero no acumulará cosas. Que por mucho que la Ardilla esté ahí comiéndole la oreja no puede permitírselo. Pero no es así.
Esto no es un problema que solo afecte a los ricos, o a la clase media. Te afecta cualquiera que sea tu nivel económico. Es cierto que la gente con más dinero tiene más facilidades para comprar, acumular y olvidarse de lo que tienen. O para pagar a alguien que se ocupe de los problemas que generan todas esas cosas. Pero no quita que aquellos con menos poder adquisitivo acumulen también una cantidad ridícula de cosas.
La conclusión es clara: si no controlas de forma intencional las cosas que adquieres by almacenas, acabarás con una cantidad inmensa, y sufriendo las consecuencias que ello conlleva. Gestionar nuestra Ardilla Acumuladora es un trabajo constante, ya que no podemos deshacernos de ella, solo calmarla.
Conclusión
Debido a ciertas características inherentes al ser humano y al entorno actual, el vernos impulsados a adquirir más cosas y acabar rodeados de miles de objetos es extremadamente fácil. Así como el compararnos con los demás en base a lo que tenemos y dejar de lado lo que somos.
Pero el problema no solo es esa ansiedad continua por querer más. Esta cantidad de cosas que nos rodean en nuestra vida son una fuente inmensa de ruido mental. Un ruido mental que afecta directamente a tu claridad, felicidad y efectividad.
El minimalismo es una alternativa a este estilo de vida consumista que es la norma en la sociedad actual.
Pero ¿cómo puedes implementarlo?
¡La buena noticia es que tienes herramientas para ayudarte en este complicado camino!
La primera es interiorizar todo lo que acabo de contarte. El entender tu contexto y las inclinaciones humanas es un primer paso indispensable.
Pero no quiero quedarme aquí. En el primer artículo y en este he tratado el por qué, en posteriores artículos voy a explorar el cómo.
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Un abrazo,
Julio.
























