El recurso más valioso que ignoras cada día (y cómo aprovecharlo)
Si le preguntas a la persona media cuál es su recurso más preciado, es muy probable que por defecto le venga a la cabeza algo que posee. Tal vez su casa o los ahorros en el banco. Pero tras sopesarlo un momento, la gente suele llegar a la conclusión de que es el tiempo.
Un recurso finito, del que no puedes comprar ni crear más y que, de hecho, cada vez tienes menos.
Sin embargo, el tiempo por sí solo no tiene nada de interesante. Puedes gastarlo mirando contenido vacío durante horas, rumiando errores del pasado sin aportar nada o hundido en ansiedad por el futuro.
¿De verdad es ese tu recurso más preciado?
Yo he llegado a la conclusión de que el recurso más importante para mí es mi atención. Si no controlas tu atención, el tiempo y el dinero importan relativamente poco.
En este artículo voy a demostrarte la importancia de este recurso, y a compartir herramientas y técnicas que a mí me han ayudado a explotarlo mejor.
Donde pones tu atención, pones tu vida
Cuando escucho algo de la 'ley de atracción' o de 'manifestar' me sale urticaria. Ideas esgrimidas a diestro y siniestro por pseudo-coaches en las redes sociales sin ningún tipo de criterio. Es algo fácil de vender (humo), porque da soluciones fáciles a problemas muy difíciles.
Claro, tú piensa muy fuerte en un millón de euros cada mañana, que un día te harás millonario.
Lo más probable es que te tires un pedo de pensar tan fuerte y vayas acumulando frustración gradualmente.
Aquí no voy a hablarte de esa patraña, sino de algo importante, efectivo y con base científica.
Tu foco, es decir, tu habilidad para direccionar tu atención, tiene la capacidad de alterar enormemente tu calidad de vida y lo que consigues en esta.
No experimentas la vida, sino aquello en lo que pones foco.
Y eso, depende en gran medida de ti. Todos tenemos la capacidad de alterar nuestra experiencia y para ello estamos decidiendo (consciente o inconscientemente) 3 cosas constantemente:
1. En qué pones foco.
Recuerdo un viaje que hice al sudeste asiático en 2015, acompañado durante un tiempo por otros viajeros occidentales.
Yo estaba flipando constantemente: maravillas naturales, gente simpática, precios asequibles, una cultura nueva en la que aprendía algo cada día... y, sin embargo, había un par de esos compañeros que lo experimentaban de forma muy distinta. Las quejas eran constantes.
'Comida repetitiva', 'autobuses sucios', '¿es que nadie habla inglés?', 'qué humedad más asquerosa!', 'hay muchos bichos!'...
Nuestra experiencia, pese a ser objetivamente la misma, subjetivamente fue absolutamente distinta.
La elección que hagas condicionará muchísimo tu experiencia.
2. Cómo interpretas aquello en lo que pones foco
Por ejemplo, imagina que estás pasando dificultades económicas y alguien te da una cesta de comida. Hay gente que podría interpretarlo como una afrenta; como si le estuviesen insultando diciéndole que no puede valerse por sí mismo. Por supuesto, la otra opción es agradecer esta ayuda en un momento de necesidad y disfrutar de la comida.
Más adelante explicaré las ventajas de una interpretación racionalmente positiva.
3. Qué haces al respecto
Aquí ya entran en juego otras aptitudes y habilidades, que no son objeto de este artículo. El artículo 'La idea indispensable para conseguir cualquier cosa' es un buen punto de partida para poder sacarle el máximo a esta última decisión.
En todo momento puedes elegir entre infinidad de cosas en las que poner tu foco. En lo que hiciste ayer, lo que estás viendo delante de ti, en tus movimientos gastrointestinales o en lo rica que estaba la comida que te ha hecho tu abuela hoy.
Elegir poner foco en las partes positivas y prácticas es una habilidad que puede trabajarse y mejorarse. Pero tenemos un gran enemigo.
El sesgo de negatividad.
Como seres humanos hemos evolucionado para sobrevivir, no para ser felices. Esto ha imprimido en nuestros genes una tendencia muy marcada a dar más peso a los acontecimientos negativos (estudio), de hecho, hasta 5 veces más respecto a los acontecimientos positivos.
Cuando tu antepasado hace 30.000 años iba por el campo andando, era mucho más importante detectar el peligro de una víbora que las bonitas flores de los lados del camino. El momento en el que apareciese dicha víbora, su foco se centraría totalmente en ella, entraría en visión de túnel y el resto del mundo se convertiría en un borrón, o simplemente un medio para escapar o luchar contra la víbora.
‘Lo malo es más importante’ nos dice constantemente nuestro instinto.
Pese a que esta característica sigue ayudándonos hoy en día a sobrevivir, tiene otros muchos efectos colaterales no tan beneficiosos. Algunos ejemplos:
Las noticias negativas (crimen, desastres, escándalos) capturan más la atención. Este hecho es ampliamente aprovechado por el clickbait y las fake news, que son a su vez potenciados por los algoritmos que gobiernan las plataformas digitales y que buscan exclusivamente más interacción del usuario con consecuencias nefastas.
En general somos muy malos gestionando opiniones o feedback negativo de los demás. En una revisión del trabajo tu jefa puede decirte 7 cosas que has hecho bien y una mal, y tendrás a rebozarte en la que has hecho mal. Ese comentario aislado puede tirar por tierra tu interpretación de todo lo demás.
En un momento puntual de conflicto con tu pareja, es muy fácil olvidarse de años de cariño, gestos bonitos y apoyo constante, y dejar que el problema abarque toda tu atención, perdiendo perspectiva y, en muchos casos, llevando a conclusiones desproporcionadamente negativas.
Esta tendencia está íntimamente relacionada con nuestra aversión al riesgo, que repercute en cómo nos comportamos al invertir. Es la razón de que muchos inversores mantengan posiciones perdedoras más tiempo o vendan posiciones ganadoras demasiado pronto.
Los problemas del trabajo pueden abrumarte hasta comerse todo lo demás. Amigos, familia, salud... pese a que la importancia relativa real de estos problemas sea bastante limitada, les damos un valor absurdo.
Como creo que has podido deducir de todo lo anterior, aquello a lo que prestas atención se expande, y especialmente si es negativo.
Si eliges centrarte en lo malo, tu experiencia de la vida será cada vez más miserable y además acabarás con un carácter de imbécil cascarrabias difícil de soportar. Seguro que conoces a alguien que no para de quejarse sin dar soluciones.
Si, por el contrario, decides dedicar tu atención a los aspectos positivos, mitigarás todas esas consecuencias negativas, disfrutarás más y la gente también disfrutará más de pasar tiempo contigo. Pero es que además de esto, se ha demostrado que las personas con una actitud positiva tienen mejor salud física y mental, y consiguen más éxito profesional.
Quede claro que no hablo de optimismo Mr.Wonderful 'todo es genial, si quieres puedes'. Esto suele ser tóxico, y en muchos casos, una negación de la realidad.
Hablo de optimismo racional, y de elegir enforcarte en los aspectos y experiencias positivos de tu día a día.
Si quieres mejorar esta capacidad para controlar tu foco, aquí van algunas prácticas que a mí me han ayudado.
Analiza cómo usas tu atención
El vertiginoso ritmo de vida moderno nos tiene de un lado para otro, acostumbrados a contenido corto pero adictivo, comparándonos con los demás continuamente en vez de centrarnos en nosotros, notificaciones incesantes, buscando un nuevo cacharro para comprarnos e intentar (infructuosamente) llenar un vacío interno con bienes materiales...
Somos como un perro al que le tiran 10 juguetes a la vez y no sabe qué hacer. Tantea uno, se va a por otro, a por otro... Y cuando se decide por uno de ellos, le intentan seducir con otros 5 nuevos, ad infinitum.
Tanto es así, que nuestra capacidad para concentrarnos se ha reducido entre un 40% y un 75% desde principios de siglo, con un mercado de la atención valorado ya en 500 billones de dólares y una cultura condicionada totalmente por esta tendencia.
Cuidar nuestro foco es cada vez más complicado, pero esta ha sido una habilidad que siempre ha sido difícil controlar bien, independientemente de las dificultades modernas.
Para saber en qué punto te encuentras a nivel fundamental, te recomiendo responder estás tres preguntas.
1. ¿Sueles poner más foco en lo que tienes o en lo que te falta?
Las personas con ambición tienden a centrarse en lo que les falta. Y esto no es malo, es algo que nos da motivación, que nos empuja a esforzarnos y a conseguir más. Pero es importante encontrar un equilibrio entre la ambición y disfrutar de lo que ya tienes.
Hay personas que de forma natural tienen más facilidad para mantener ese equilibrio, pero otras necesitan un largo (y potencialmente doloroso) aprendizaje para encontrar ese balance.
La alegría y el disfrute lo vas a encontrar en lo que tienes, no en lo que te falta.
2. ¿Pones foco en el pasado, el presente o el futuro?
De nuevo, las personas con ambición suelen poner el foco en el futuro. Y tiene sentido, ya que poder anticiparte a lo que ocurrirá te da poder y cierta sensación de control. En ocasiones la anticipación incluso es emocionante ante perspectivas positivas.
Sin embargo, hay otras casuísticas que pueden empujar a alguien a dar un peso absurdo a los posibles acontecimientos del futuro. Por ejemplo, traumas pasados.
Un ejemplo muy común: alguien a quien su expareja ha engañado con otra persona. En esta situación, puede darle un peso desmesurado a este hecho, y afectar a futuras relaciones. Pasa las citas analizando el comportamiento de su pareja en vez de disfrutando, vive con ansiedad los ratos en que su nueva pareja sale de forma independiente, etc.
En ambos casos, es buena idea controlar esta tendencia. Si tu foco en el futuro se come el presente, es probable que vivas una vida de ansiedad y estrés crónico. Estar pensando constantemente qué podría pasar, cómo y cuándo, es simplemente perder el tiempo una vez analizados los datos disponibles y hechas las previsiones pertinentes. Y muchas veces ni siquiera esto aporta nada útil.
Respecto al pasado, aquí sí que no hay vuelta de hoja. Centrarse en el pasado es absurdo. Solo hay dos cosas que pueden valerte para algo: aprendizajes y recuerdos bonitos. Y te valen porque te pueden aportar algo en el presente que, como vimos en el artículo sobre proactividad, es lo único que puedes controlar.
Cualquier otra cosa que urgues en el pasado no te proporciona nada. Arrepentimientos, dudas infructuosas sobre qué podrías haber hecho mejor, autoflagelación, melancolía insana, intentar arreglar cosas irreversibles...
El presente debería acaparar tu foco, ya que es lo único que puedes controlar. Que sea fácil es otra cosa.
3. ¿Pones foco en lo que puedes controlar o en lo que no?
Una de las mayores causas de frustración es poner el foco en aquello que no puedes controlar, y esto va más allá del pasado o el futuro.
Los ejemplos son infinitos. Intentar controlar la forma de ser de tu pareja, lamentarte continuamente por un problema de salud respecto al que no puedes hacer nada, centrarte en que no eres lo suficientemente alto o en que el Real Madrid ha perdido la Champions.
«Tienes poder sobre tu mente y tus actos, no sobre los acontecimientos. Date cuenta de esto y encontraras tu fuerza»
Marco Aurelio
Cómo mejorar tu foco
Vaya por delante que estas medidas me han funcionado a mí, aunque todas ellas han demostrado su utilidad para millones de personas. Si te valen a ti o no, depende de ti descubrirlo.
1. Minimalismo
El minimalismo es un estilo de vida que me ha ayudado una barbaridad a reducir el ruido en mi vida y a poner el foco en las cosas importantes. En este artículo puedes ver los beneficios que yo he experimentado, que van más allá de mejorar tu atención.
Y en la misma línea, el minimalismo digital también puede ayudarte enormemente a proteger tu atención.
No me extenderé más aquí porque ya he escrito al respecto en esos artículos enlazados.
2. Define tus valores y principios
Es muy común que nuestra atención se disperse si no tenemos claro lo que nos importa o quien aspiramos a ser. Definir tus valores y principios y comprometerte con ellos es una forma muy efectiva de dirigir tu atención de forma intencional.
Por supuesto, como explico en el artículo enlazado, esto es un trabajo continuo.
3. La pregunta ancla
Tanto el pasado como el futuro tienen a mucha gente enganchada. Yo también he estado en esa situación, y sigo sorprendiéndome de vez en cuando. Es por esto que he definido lo que llamo 'pregunta ancla'.
Imagínate el presente como un ancla. Un ancla de la que, cuando te despistas, te alejas soltando cuerda inconscientemente y puedes acabar en pensamientos que no te aportan nada bueno.
Esta pregunta estratégica me ayuda a volver al presente y a traerme del pasado o del futuro exclusivamente cosas de valor_
¿Me es algo de esto útil en el presente, o me aporta alegría?
Es válida tanto para el futuro como para el pasado. Una sola pregunta maestra para gobernarlas a todas. Pero es verdad que, a veces, la extiendo con preguntas adicionales que me funcionan muy bien.
Para el futuro: ¿Puedes y quieres hacer algo al respecto en el presente? Si es así, hazlo. De lo contrario, no malgastes tiempo y salud preocupándote por ello.
Para el pasado: ¿He aprendido todo lo que podía? Si puedo sacarle jugo, analizo y saco conclusiones. Una vez hecho eso, 'palante. El resto es atención mal empleada.
Extra: ¿Está mi pasado o futuro comiéndose mi presente? Esta es simplemente una forma de darme un toque de atención. Y es buena idea incluirla en cualquier rutina diaria que tengas (por ejemplo, si escribes en un diario o meditas).
4. Gratitud
Igual que puedes entrenar tu cuerpo para un deporte concreto, puedes entrenar tu mente para condicionar tu atención hacia cosas positivas, con todos los beneficios que ello implica.
Esto se basa en un mecanismo psicológico llamado preactivación (priming) con implicaciones en muchos ámbitos distintos, que consiste a nivel fundamental, en que la exposición a un estímulo influencia las respuestas a estímulos posteriores.
Es una práctica respaldada por decenas de estudios, así que no la confundas con humo neo-hippy ni con positivismo tóxico.
La forma de llegar a este condicionamiento es dedicando tiempo de forma periódica y consistente a dar gracias por lo que tienes. Es así de simple y de difícil. Hay dos rutinas básicas que puedes probar:
El formato más extendido es reservarse 5-10 minutos al día para hacer una 'meditación de gratitud'. Te sientas, cierras los ojos y eliges 3 cosas para agradecer. Te concentras un minuto en cada una de ellas, y terminas la meditación como más te guste.
Otra opción es usar un diario. Cada mañana te sientas unos minutos y escribes 3 cosas para agradecer. Esto puede combinarse con la planificación de tu día o con cualquier otra rutina que implementes por escrito.
Es importante recalcar que llegar a condicionarte de forma general lleva bastante tiempo de práctica, aunque también ha demostrado mejoras en el día concreto en el que hagas un ejercicio de gratitud. Y a veces incluso te impulsa a algún tipo de acción inmediata.
No voy a dar aquí una clase de meditación, pero si quieres probar esta aproximación, puedes descargarte una app como Headspace y empezar a meditar. Tiene un curso llamado 'Aprecio' que es bueno para empezar a practicar.
5. Actividad intensa
Cuando todo lo demás falla, siempre te queda reventarte.
Es broma. Bueno, no del todo.
Llevo practicando artes marciales muchos años, y créeme, cuando un despiste implica un puñetazo en la cara, te concentras en el presente.
Este ejemplo es muy gráfico (y real), pero cualquier deporte intenso tiene esta característica. El esfuerzo requerido hace imposible que estés pensando en cualquier otra cosa durante más de un par de segundos.
Algunas recomendaciones: artes marciales, rutinas tipo HIIT, carrera a buen ritmo o deportes de equipo. Obviamente el golf no es el mejor candidato para esto.
Pero el deporte no es la única opción.
Personalmente he experimentado otro tipo de actividad 'intensa' con similar efecto: tocar un instrumento.
Cuando estoy tocando el piano o la guitarra, me concentro de tal manera que el resto del mundo desaparece por completo.
Seguro que hay más actividades con esta característica, pero en estas es donde yo la he experimentado de forma más clara.
¿En qué gastas tu atención?
Un abrazo,
Julio.














